Contra la pereza

Ciudad de México /

Me gustan los lunes. Envejezco y tengo peor relación con los viernes. Prefiero las ideas de inicio a las de final. Hoy es ese gran lunes del año que, como me ha ocurrido desde hace mucho, no puedo ver igual a mis dos mundos, Siria y México. Solo que la relación entre ellos cambió. Mis mayores preocupaciones ya no se encuentran en Damasco.

Nosotros, a diferencia de Siria, hemos perdido por completo las nociones de riesgo desde las que se conduce la vida política. La conciencia de riesgo sirve para observar las posibilidades negativas de los actos y no comprometer el futuro a merced del presente.

En México no vemos riesgo en mantener la relación con la crisis de desaparecidos, con la violencia, con la inflación, con el gasto público, con la nula transparencia en obras a cargo de las fuerzas armadas. Aquí no se ve como riesgo el que, sin importar la tragedia, el gobierno federal esté tan preocupado por su percepción de sí mismo. Una y otra vez. En México no se ve riesgo en la permisibilidad a relativizar la historia prehispánica o la responsabilidad política en nuestros desastres. De Culiacán al Tren Interoceánico.

Aquí la oposición no ve riesgo en su incapacidad de organizarse como alternativa, ni siquiera para exigir asomos de rendición de cuentas. Éste, por el cúmulo de aberraciones a las que nos acostumbramos, es un punto de extrema fragilidad. Para quienes aún se digan oposición, el 2026 que deberá ser preparación hacia las intermedias del 2027 lo hará cargando votos en favor de la nueva fiscal general.

Sobrepasa el riesgo manejable nuestra mediocridad social, porque somos quienes no estamos en partidos quienes nos convertimos en espectadores pasivos del deterioro. Lo hace también el no incorporar de manera central al discurso opositor e intelectual el factor de manipulación por parte del ecosistema oficial.

Siria, y reconozco las salvedades de toda generalización, sabe bien dónde no quiere volver. México ni siquiera es capaz de asumir el lugar en que se encuentra.

En este gran lunes que se parece demasiado a un viernes, me resisto a la queja como única expresión cívica. De Amin Maalouf aprendí que el derrotismo es simplista y pereza de pensar. La semana será larga.


  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
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