Qué asume por democracia quien sólo entiende el equilibrio político a partir de la derrota y el menosprecio al otro. Ésta parece ser la sequía en los fervores de la propaganda y sus ejecutores. El anuncio de la realidad por encima de la realidad. Hacer ruido a su alrededor hasta diluirla. Funcionarios, sus operadores digitales y medios afines son dispersores del sustituto. Si bien la propaganda es natural a la política, gracias a ellos la política queda reducida a la propaganda. Su nivel más bajo.
La creencia de que un proyecto de gobierno durará eternamente se traduce en abandono y desapego intelectual. Individuos agrupados bajo el cobijo de la emoción hacen del pitorreo su concepción de argumento tangencial. El tema es indiferente, mismos parámetros para defender al impresentable senador Salgado Macedonio con sus múltiples acusaciones de violación, o callar sobre él. Mismos para dejar de hablar acerca de los muertos por la enfermedad o romantizar la ineficiencia. Los renovadores del statu quo sacralizan su posición a través de la burla y la perorata.
En el país de la indiferencia aplaudimos la dedicación sobre lo no importante. Relativizar la verdad para adecuarla al interés oficial es también labor del corrupto. Las frivolidades de la propaganda provocan adherencias, pero ningún reto intelectual: “harán libros de sus experiencias”, leí de un entusiasta útil. Los libros como expresión del desprecio. “Ustedes los literatos han dejado de importar”, espetó otro. Es el ambiente de la época, solo no supongamos que será una de ideas.
El ruido puede parecer irrelevante pero no lo es. Se utiliza y dispersa como argumento de legitimidad si un gobierno es incapaz de enfrentar sus contradicciones. Promueve la noción de que un gobierno no necesita interlocutor. Rompe las posibilidades de cohesión ante la desgracia, aleja a los poderes de sus sociedades y crea nuevas,privativas del conjunto sin intención asociativa con el resto.
Donde solo cabe hacer política a través de los partidos, la propaganda como manera predilecta de hacer política la ridiculiza y caricaturiza a los partidos. Cuando un gobierno entrega tanto a su capacidad de propaganda, no hay mayor caricatura que él.
@_Maruan