No todos los escándalos se transforman en conflictos políticos y no todos los conflictos políticos tienen potencial para convertirse en crisis democráticas.
El momento que atraviesa el INE no merece ser visto sólo como un caso de corrupción, o desde lo estridente en los descargos o desconocimientos y la defenestración de quien lo encabezó. Así sus cercanías den cabida a la mejor grilla, esa condición perpetua de la política mexicana.
Si la legitimidad de las elecciones del 2027 no escapará de la duda, el quiebre del aparato político mexicano no termina en el esquema reformado que entregó un control unipersonal sobre el instituto electoral.
Sin reconocer que el terremoto regresó necesidades previas a la transición, difícilmente se proporcionarán las bases mínimas que cualquier país requiere para satisfacer las aspiraciones de las fuerzas políticas a su interior.
Desde la prensa es correcto reconocer que nuestros estándares de observación no son siempre lo riguroso que exige una habitación democrática adecuada. Nuestra observación a las siguientes etapas de la autoridad electoral cometerá un error inmenso si se queda en los métodos de la corrupción y no destina su mayor atención a la nueva conformación del instituto, en su totalidad. Los nombramientos, los insumos, la vigilancia. Los anuncios a los remedos del descalabro. Sus posibilidades en cada escenario. Aunque sea menos llamativo que hablar de estafas y sinvergüenzas. Preguntarse qué significarían para un futuro lejano y cuáles son los riesgos, no sólo para el proceso en curso, las asignaciones de gran escala a proveedores únicos o gestionados con cercanía al gobierno en turno.
Por mucho tiempo triunfaron redefiniciones de la corrupción con las que distintos consiguieron un margen de impunidad. Esa misma lógica proporcionó a las nociones de democracia significados ajenos a su naturaleza. Relativizadores del terremoto funcionan como coros de un oficialismo que insiste en eludir su responsabilidad sobre el estado de la cosa pública.
Todos decimos que los asuntos de la prensa se resuelven con la prensa misma. Estoy convencido de que en México nos falta periodismo sobre el periodismo. El asunto INE es un buen pretexto.