La ira olvida el peso que le carga a las palabras. Después, diluye responsabilidades sobre las acciones. Hemos visto a la demagogia más violenta prescindir de sus consecuencias.
Tras la firma de los acuerdos de Oslo, Hamás festejó que las Águilas Rojas, el grupo armado de Fatah, se integraron a sus filas. Usufructo de quienes buscaron secuestrar las causas palestinas. Hoy parece que lo consiguieron. Hablan de una paz proverbial, actúan opuestos a ella. Su objetivo no es la coexistencia.
Ningún asomo ético se espera de Hamás, no está en sus raíces. La retórica silvestre asegura que los destruirá con la fuerza. Sabe que no ocurrirá. La estrategia no funcionó con al-Qaeda o el daesh, sólo están en lugares que no estorban tanto. Se han ignorado miles de páginas sobre la construcción de anticuerpos sociales para menguar el fanatismo.
El asedio y los bombardeos de Israel sobre Gaza se convirtieron en el eufemismo que cubre las dificultades de su incursión por tierra.
No importa si la falta de infraestructura palestina le hace dependiente al agua que controla Israel. Importa que la realidad de la población es su dependencia. En Gaza, arriba del 90% del agua tiene algún grado de contaminación que la hace no potable.
Un Estado debería guardar la calidad moral que carecen los fundamentalistas. De lo contrario, les alimenta.
La explosión en el hospital Al-Ahli, con su infinidad de versiones e irresponsabilidades, así como los efectos que han generado, refleja la imposibilidad de proteger civiles en Gaza.
Una dosis de cautela anticipa que cuando hay bombardeos, se usarán políticamente las llamas y ocultará la verdad bajo ellos. Esa es la primera razón para evitar nuestro escenario. Ya ahí, lo urgente es frenar el deterioro.
Murió un niño de seis años, él y su madre fueron apuñalados por ser musulmanes; en nombre del daesh asesinaron a dos ciudadanos en Bruselas. Las consecuencias de la sobresimplificación construyen entornos.
Si se equiparan las causas palestinas con las de Hamás, si esa confusión lleva a la islamofobia, el antisemitismo, y arroja en una identidad la insensatez de un gobierno, habremos caído en el juego que da réditos a Hamás y a Netanyahu. Tiempos de Águilas Rojas.