Apuntes incómodos

Informe análogo

Maruan Soto Antaki

En un discurso político es más sencillo nombrar las ilusiones de un país, que su realidad. También es menos honesto. Aquí, donde somos poco dados a otorgarle importancia a las palabras, éstas tienden a decir cualquier cosa. Nuestro presente es incapaz de sortear contradicciones. A través de la dialéctica nos resignamos a ignorar lo que implican las ausencias, pese a que, hace no tanto, llegamos al consenso de que el rumbo por el que transitamos era insostenible.

La vida pública de México ha dejado de ser por sí misma, para convertirse en una mirada miope que ve lo que puede y quiere. Aquella crisis de derechos humanos a la que nos internamos desde hace más de una década no da asomos de renuncia. Matanza en Minatitlán, en Coatzacoalcos. Los casos de barbarie se dan de igual manera que en nuestro pasado reciente. No salimos de él. Vivimos dentro de su espacio.

Los compromisos de protección a periodistas se anclaron como anuncios vacíos. Una decena de asesinatos en lo que va del año. Ni siquiera los casos emblemáticos son sujetos de atención, ¿qué esperar para los anónimos? Lydia Cacho tuvo que salir del país porque el gobierno mexicano —éste—, luego de ofrecer disculpas a nombre del Estado, le retiró la protección que debía. ¿Ahora por qué otro presidente quiere que le aplauda la prensa?

En los aspectos de gran envergadura, lo que se ha transformado es la capacidad del gobierno mexicano para eludir las responsabilidades que un gigantesco sector había reclamado.

Muchas voces que hace meses se habrían alzado para proteger al enfermo sin acceso a medicamentos, hoy fingen sordera o relativizan el analfabetismo político de un secretario de Salud al minimizar la desesperación de una familia. Tiempos donde la disculpa da derecho a la imbecilidad.

Acostumbrados al daño, hemos ido perdiendo la relación de jerarquías que permite medir los desastres. Abrazamos el cúmulo de vicios en un sistema al que se le ha sumado la aceptación de lo que antes rechazábamos.

La opacidad se ve transparente. Mensajeros defienden las adjudicaciones directas, la falta de concordancia en sus propios datos, la inmaculada presencia de los maculados. El festejo de dichos es abdicación a los hechos. Somos una nación plagada de infortunios a la que, en espera de tiempos mejores, añadirle unos cuantos dejó de hacer diferencia. Qué extraño es el orgullo de retener migrantes. Ya encontrarán la forma de huir o levantarán enojo en la estación migratoria Siglo XXI. Cuánta indiferencia provoca el desprecio al orden democrático en las elecciones de nuestro estado boreal.

Mientras abandonamos la angustia por la salud de lo intangible, es de un riesgo enorme creer que las preocupaciones son legítimas a partir del número de personas que las padecen.

Qué natural resulta la comunicación del Fondo de Cultura Económica. Comparte la voz del vocero de la Presidencia que, a su vez, extiende la aclaración de la secretaria de Gobernación a una declaración de su titular. Funciones nuevas, viejas.

Extraviados en la construcción de un mito fundacional, preferimos entregarnos a su relato. Este país es su propia y recurrente analogía. Informemos, pues, de nuevos rasgos de anquilosamiento en la sociedad mexicana. 


@_Maruan


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