La comodidad de lo banal

México /

México es un país de administradores que no han sabido gobernar. Se tiende a querer administrar la economía, la salud del país y su educación. Un elemento se ha escapado en nuestra vocación tribal: para gobernar un país es necesario construir los consensos de lo que se necesita resolver, sin despreciar lo que desde la administración no se considera urgente.

La frivolidad de administraciones anteriores dejó saldos espantosos. Hoy son los de la constante banalización.

Jerarquizar las afecciones de un país desde el gobierno es la primera responsabilidad de quien quiera reconciliar las animadversiones políticas naturales. Primero entre la sociedad que entre políticos. Un país como México no tiene gran margen de error para desechar los diagnósticos de sus males. Tenemos la obligación de discutir los cómos, no tenemos ese derecho sobre los qués.

A la frivolidad con la que las dos administraciones previas sumergieron y mantuvieron al país en la violencia, se le suma la banalización de sus efectos por parte de Palacio Nacional. Frívolo fue pronunciar una guerra y ver a sus víctimas como nimiedades de la demencia y la barbarie, banal es espetar que se arman niños porque las estructuras criminales resienten un supuesto éxito de programas sociales. Así lo tuvieran. Frívola fue la compra de un avión que ha dado para más peroratas que horas de vuelo, banal es sustituir el debate de una realidad insostenible, con un billete de lotería. Y ahí cayeron los propios y los ajenos, los medios y el debate del barrio virtual. Todos encumbrados en la comodidad de lo banal.

Lo frívolo se ocupa de lo que no tiene importancia. Hace cualidad de su ligereza y falta de sustancia. Aquello banal es lo que no importa. Hay una diferencia. Restarle importancia a lo que la tiene es banalizar. Se ha banalizado el enojo por la distribución de medicamentos, el dolor de las víctimas, la urgencia por detener la espiral de irracionalidad. Se ha banalizado la intangibilidad de conceptos como la democracia, la libertad, los derechos humanos y la verdad, que dan frutos tangibles.

Desde su incapacidad para dudar de sí mismo hay un gobierno que parece detestar serlo. Ya transformado en administrador insiste en ver estática una realidad elástica. Ninguna de las acciones que provienen de Palacio Nacional se han distanciado de los convencimientos que se tenían antes de asumir el poder en un país descompuesto.

En un irreductible afán de defensa se decidió abandonar la virtud política de sumar voluntades. Cantarle a la soberanía como elemento de cohesión hacia cualquier tema, representa el fracaso en todas las demás formas de construcción social.

Las buenas intenciones del administrador no deben convertirse en inocencia del gobernante; esa es la ruta de la imposibilidad.

Si la intención de la política es alejarnos de la violencia, más nos vale admitir que hacemos mala política.

Más riesgoso que un gobernante etéreo es una sociedad etérea, en la que sus sectores se asumen por encima de los demás. En el caso mexicano esa condición se encuentra tanto en los bloques oficialistas como en los adversos, imposibilitando así la discusión de un país. ¿Cómo se resuelve un país negado a discutir entre sí? 

  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
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