Precursor de los nacionalismos del siglo XX, el provincianismo se puede entender como una actitud desde la que a través de la indiferencia a los factores que construyen un entorno no localista, se enaltecen las perspectivas localistas. Una postura que ignora o rechaza la realidad externa para convencerse de una interna, aunque viva en el ideario.
Ante la dificultad contenida en la naturaleza de intenciones políticas amplias, parecemos renunciar a ellas, espero temporalmente. Como hoy se puede encontrar el ejemplo perfecto del provincianismo en la política de Estados Unidos, se puede mirar al proceso electoral español. Lo interno es todo, aunque sea externo. Reflejando las vicisitudes de nuestra conformación, el gobierno mexicano es efervescentemente provinciano. Se decanta por expresiones y acciones que reducen la realidad a una perspectiva donde se privilegian las estructuras de orden primario: quiere solucionar con una variable las condiciones que tienen múltiples.
El provincianismo no es compatible con una visión de Estado, desde la que la reciente discusión sobre la ley y la justicia encuentra su método en la misma ley.
En términos de lenguaje, una de las consecuencias de la pésima relación histórica entre las grandes ciudades con sus zonas alejadas es la tímida anulación de este concepto. Recordar su acepción profunda permitiría entender el fenómeno al que se enfrenta México y gran parte del mundo. No es de sorprenderse que bajo el contexto actual y en la redefinición de códigos sociales que se adentran a la mutabilidad del lenguaje, la expresión se perciba discriminatoria. Para evitar la deplorable acepción que podría reflejar desprecio a la vida fuera de las capitales, tampoco es raro que se busquen equivalencias menos presentes en dinámicas contemporáneas y se recurra al aldeanismo, mientras que entra en desuso la versión con intenciones melódicas de provincialismo.
A causa de su interpretación menos afortunada, el provincianismo es uno de los conceptos más evitados en el análisis de la vida pública nacional. No niego la necesidad de una palabra distinta para referirse a lo que quiere representar políticamente. Por lo pronto, sin compartir la euforia por la transformación aséptica del lenguaje, no encuentro mejor palabra para aproximarme de manera clara a las diatribas que rodean las políticas públicas de la actual administración.
A pesar de la obviedad al depositar el término en la relación del gobierno con nuestra política exterior, es parte de dicha perspectiva la indiferencia hacia los cuestionamientos de Naciones Unidas sobre la falta de esfuerzos para erradicar la práctica de la tortura. A esa ausencia en la que está incluida la estructura de la Guardia Nacional, se le pueden sumar aspectos de la mayor diversidad. De la falta de reacción a la realidad de un país considerado en conflicto armado no internacional, a la aversión a mecanismos diseñados para evitar la posibilidad de malos manejos financieros.
Distintas acciones del gobierno mexicano se buscan explicar desde lo que se ha transformado en un eterno sicoanálisis a nuestros poderes. Su debate se podría resumir a una muy enraizada característica de origen: somos provincianos.
@_Maruan