La irresponsabilidad

Ciudad de México /

En lo institucional y en lo social se profundiza la dificultad para revertir las estructuras de vocación autoritaria o la construcción de relatos antidemocráticos. Los alcances matinales han hecho una única pedagogía que manipula no sólo la ley, sino los principios mínimos de pensamiento político, formación cívica y de naturaleza republicana.

A Palacio no le basta su desprecio, fomenta el desdén a todas las alertas y consecuencias de la entrega nacional a los militares, de su avalancha contra los órganos autónomos o del ataque del gobierno al Estado mexicano. Nueva constante en la relación del oficialismo hacia la Corte.

Ninguno de sus irresponsables muestra interés en cómo saldrá este país del lugar donde nos encontramos, hecho mayor selva y envueltos en la urgencia por recuperar nociones tan básicas como que la democracia tiene reglas y límites.

El proyecto político que ganó en 2018 jamás buscó la reconciliación social obligada tras todo proceso electoral, tampoco intentó añadir simpatizantes ni cuidar decepciones o percepciones. Se dedica a reforzar sus fueros y cerrar círculos al modo de organización sectaria.

Esta estructura sectaria, como cualquiera, necesita proteger sus fragilidades a través del incendio, justo lo opuesto a la intención política. Dejemos de llamarle polarización a la barbarie, el ejercicio más viejo de cohesión: la creación de enemigos, las piras eventuales que reavivan los ímpetus, el rompimiento de códigos, de leyes y de ética.

Los irresponsables saben perfectamente cuáles son los entendimientos democráticos, saben que la división de poderes es frágil si se vulneran sus pilares, saben que existen esos códigos porque alguna vez les escribieron columnas. Nuestro lento proceso de maduración política ya coquetea con el regreso a su infancia.

Hoy navegan en la indiferencia funcionarios de segundo nivel que ocupan secretarías locales, subsecretarías federales o direcciones, a quienes ninguna sensatez les llevaría a suponer que los jueces deben obedecer voluntades antes que a la ley. Cuando los jueces responden a la popularidad, necesitan poco para condenar a sus vecinos por ser impopulares.

La materia prima de los cobardes es la irresponsabilidad.


  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
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