La mala educación

Ciudad de México /

Llevar la vida pública a los tribunales siempre arriesgará su colapso. Están diseñados para excepcionalidades, no para recibirlas a manera de política constante que pone en duda los principios básicos de la República.

El resultado más susceptible es el desorden, que sólo la arrogancia del despotismo cree poder resolver. Alguna obra del pensamiento político contiene unas líneas al respecto, pero estos tiempos son demasiado obtusos como para aprenderle a Maquiavelo.

Toda democracia medianamente entendida exige ampliar sus parámetros e instaurar las herramientas para atenderlos. A mayor posibilidad de escepticismo, necesidad equivalente de instrumentos y de rechazo a su dominio vertical.

Desmembrar la democracia de sus construcciones internas para minimizarla como un concurso donde el único parámetro es el volumen mayoritario a favor de la élite gobernante, implica el desfortalecimiento de las instituciones y sus vigilancias.

Bajo la lógica del gobierno mexicano, éste llama democracia a la opacidad, a la violencia o la ilegalidad si su aceptación se encuentra por encima del rechazo. Su mentira es democrática, grita el reduccionismo oficial, con el amor a la popularidad que no toma en cuenta ni un aprendizaje político.

La mentira como base del patetismo conduce a rutas de impredecibilidad, cuando los hechos dejan de serlo y se imposibilita su discusión. Así se construyen los entornos autoritarios.

¿Qué extrañas ideas de democracia tienen aquellas voces públicas que defienden el desaprendizaje sobre lo útil de la verdad? La poca educación política tiene en ellos su gran época. Incapaces de entender que intentar argumentar no evita malos argumentos; de asumir la responsabilidad del elector modificando su voto por rechazo a lo intolerable y mientras llegan las urnas, subir el reclamo al rompimiento del piso ético con su abandono a la honestidad.

Si bien todo proyecto autoritario es un autoboicot a la concepción moderna del Estado, en las particularidades del autoritarismo mexicano lo que vulnera a la democracia no es sólo la presunción de apenas una interpretación válida, sino el caos orquestado desde el poder.

Nunca conviene subestimar la capacidad destructora del desorden.


  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
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