Hay máscaras que presumen quitarse mientras muestran un rostro comparable al que querían disfrazar. La honestidad del deshonesto no hace un mentiroso recto. En este país hecho a la relativización se ha confundido la anulación de la oligarquía con el cambio de personajes oligárquicos.
La recurrente deslegitimación del gobierno mexicano a las preocupaciones ajenas es todo lo que no corresponde a nociones democráticas. Asumir que cada reacción obedece a la pérdida de privilegios, es una manera más de la inconsciencia que rechaza la consciencia delotro.
Si la palabra de un presidente no fuera equivalente a hechos, no habría razón para dedicarle tiempo. Parecería necesario recordar la urgencia de gritarle con más fuerza a la mentira cuando ésta se asume verdad por ser popular. Lo detestable del reduccionismo está en sus vacíos y capacidad de engaño. Aquí se aplaude.
Un mínimo de honestidad intelectual llevaría a extrañarse por la inmunidad de conciencia que se respira. En un país tan débil frente a la corrupción, la indecencia y el desprecio a la ley, nuestras filias hacen tolerable lo que ayer despreciábamos. Con una destreza que reclama terapeuta y diván, hicimos de sujetos de indignación nuevos sujetos de defensa.
Ya no hablamos del general que devolvió Estados Unidos. En los contratos de una familiar del presidente con Pemex se prefirió esquivar el escepticismo que antes habría despertado enojos. A su hermano fuera de la ley le llegó el perdón popular antes que el jurídico y la ley sigue siendo nada. Otro gobierno que prefiere escándalos discretos acusa de magnificarlos. A la duda sobre propios le llaman montaje y al resto, corrupción.Tan parte de nuestra estructura gracias al perdón que depende de simpatías. Hedores y mentiras que sólo apestan cuando es conveniente.
No hablamos de funcionarios rupestres que descalabran inquietudes de grupos culturales. No hablamos de la irreductible letalidad de las fuerzas armadas y mucho menos de las condiciones de migrantes en campamentos. No hablamos de las diecinueve personas que desaparecen a diario.
Renunciamos al escándalo sobre lo que nos escandalizaba, el gran cambio está en la amplitud de los modos de la indiferencia.
@_Maruan