Mentiras del país nuevo

México /

Solo quienes han vivido y adoptado los modos de un sistema son capaces de usarlos para vender con ellos la ilusión de un país nuevo. La violencia exacerbada de una sociedad violenta, la falta de seguridad en todos sus campos, la mala educación, las pocas perspectivas de futuros, el maniqueísmo con el que gobiernos deficientes instauraron verdades alternas, son razones suficientes para detestar buena parte de la realidad mexicana. Quizá ya sea momento de admitir que el odio a nuestra realidad jamás desapareció, tampoco sus causas, simplemente se ha decidido reemplazar sus manifestaciones por el amor a la figura mitológica de un futuro nuevo, construido en el andamiaje más viejo: nuestro sistema.

¿Cuánto tiempo puede vivir un país bajo la ilusión de lo que desea convertirse? Seguramente bastante, solo que su análisis será cada vez más pobre. Lo duradero de discusiones precarias nunca es augurio de destinos prometedores. A lo largo del año el conjunto del debate público ha corrido por rutas similares. En estos días se vulneró la fragilidad primaria de cualquier Estado: la educación. El país nuevo se ve en el espejo y refleja el antiguo.

Devolver la asignación de plazas magisteriales a las peores expresiones fundadoras de esta República ha llevado nuestro modelo de sindicalismo a la mitología de lo encomiable. ¿En verdad creemos que en unas cuantas generaciones se aplaudirá un esquema en el que los maestros no necesitaron evaluación para ser tales?

En este espectro de país nuevo se admira la dialéctica que anuncia acciones similares a las conocidas, pero se les añade la promesa de efectos distintos. Un país encaminado a debatir para probar lo falso y no lo verdadero. A la verdad, prima incómoda de la mentira mexicana, se le traslada a los rincones inferiores de lo supuesto.

El discurso que abanderó el rechazo a una supuesta privatización de la educación, la vendió al sindicato que conforme a sus intereses dará tutela de maestros. En este nuevo país hasta lo privado significa algo distinto.

En el espejismo de la nación recreada, pocas situaciones han exhibido nuestras carencias más que el intento de aquelarre legislativo reciente. La ley y la educación son la base más sólida con la que la figura del Estado ha contado para modelar las sociedades, en virtud de ellas. Cuando la ley y la educación son dispuestas al interés de las fuerzas políticas y no al del Estado, éste pierde su papel formador. Nada nuevo surgirá por espontaneidad. Es la reiteración donde se modela la formación de vicios políticos.

El país nuevo se decanta por anunciar la anulación a todo aquello que le precedió, pero sin hacerlo se envuelve en el mito de los símbolos que no garantizan cumplir con el objetivo más básico de cualquier construcción. Volvimos a admitir la instrumentación política de la educación, la alejamos de sus aspectos formativos. Nos conformamos con el control de la hostilidad entre entidades de organización laboral que se preocuparon por todo menos la enseñanza.

Por encima de la división entre un aparente ellos y los otros, el rostro reciente del sistema se quiere mostrar ajeno en la retórica, pero se parece demasiado a la realidad que antes se despreciaba. 


@_Maruan


  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS