Pequeño gran mundo

Ciudad de México /

Entendemos a la demagogia en su proclividad al discurso de fácil aceptación, inconexo pero complaciente con la realidad, siempre en busca de la aceptación a pesar de saber que aquello ofrecido es improbable. El mejor pueblo, el más sabio, el movimiento más fuerte del planeta; las hipérboles gratuitas del extravío.

Sobran los engaños en el inventario de nuestra historia política. Sorprenden poco durante campañas electorales, pero la tendencia y extremos del oficialismo mexicano rebasan los estándares de la retórica menos respetuosa a la inteligencia ajena y reflejan el entrecruzamiento de dos fenómenos globales.

Un gran riesgo en los demagogos convencidos de sus propias palabras es que ya ni siquiera buscan engañar a su sociedad con respuestas simplificadas a problemas complejos. Están seguros de haberlos solucionado. El espacio doctrinario deja de ofrecer ilusiones para entregar la copia de un mundo sólo existente en sus certezas. Su efecto práctico es perder, si alguna vez se tuvieron, nociones de las responsabilidades y de los aparatos de gobierno. El saldo invariable será la imposibilidad de ajustar lo nocivo.

El otro fenómeno, no privativo a lo nacional, ha sido encumbrado por Palacio y sus allegados. Conceptos una vez medianamente claros y aparentemente universales de cuáles eran los significados de la verdad, la política, la democracia, la división de poderes, la rendición de cuentas, etcétera, transitan por una metamorfosis donde localismos han conseguido imprimirles nuevas definiciones acorde a sus necesidades de pertenencia. Aquí no hay ideología, aunque se use su paraguas para ocultar contradicciones.

La desvalorización de los principios de convivencia política y social es el signo de nuestra época. En El Salvador un Bukele violento afirma respetar las garantías individuales, en Estados Unidos un precandidato acusado de revuelta afirma ser demócrata. Ejemplos abundan.

En el caso mexicano los valores democráticos se debaten en terrenos distantes. Para el oficialismo están sujetos a su interpretación por encima de cualquier desarrollo argumentativo. Solo falta que un antiguo juez de la Suprema Corte niegue que en este país hay violaciones a derechos humanos.


  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
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