Tomó un mes retroceder más de treinta años al momento donde hablar de coexistencia era una provocación. El 7 de octubre, a las horas del atentado perpetrado por Hamás, lo único certero era el cambio en las reglas habituales entre Palestina e Israel. Ningún escenario se atrevió a suponer los más de 10,000 muertos palestinos, en su mayoría mujeres y niños; la permanencia de los dos centenares de rehenes; la inflamación de la retórica y el distanciamiento al punto de imposibilidad de alguna solución política.
Arriba de 12,000 bombas han sido disparadas sobre Gaza, consigna Charles Lister, del Instituto de Medio Oriente en Washington. Recuerda que durante el peor mes en la batalla de Mosul fueron arrojadas 5,500. Tras el asedio a la franja, sólo ha entrado el 5% de la ayuda humanitaria que circulaba normalmente.
Los saldos de la brutalidad y su validación son vistos desde un espacio de apariencia ideologizada —un detestable vacío—, donde la muerte, la destrucción y la contención de la violencia pasaron a segundo plano. Corren de la misma mano el desplazamiento forzado, la crisis humanitaria en Gaza, las agresiones de colonos israelíes contra habitantes de Cisjordania, junto a los ataques continuos por parte de Hamás y el Hizbulá.
Al llegar la noticia de un bombardeo contra instalaciones educativas o sanitarias, se ponen en duda las víctimas bajo los escombros como si importase más justificar las vías violentas y el recrudecimiento de sus dinámicas.
En un mes se desecharon todas las nociones de derecho internacional. Las identidades asumidas por oposición reforzaron el desprecio por cualquier contención al daño.
Algo está muy podrido si gracias a la ira o por criticar el espectro de izquierda se suscribe la sinrazón asesina de Netanyahu, algo está podrido si por criticar a Israel se avala el terrorismo.
Planet Gaza, la expresión se repite en mensajes resignados al horror. Gente cuya existencia se redujo a esperar y saber si sus familiares en la franja siguen vivos. Netanyahu avisó su intención de tomar control sobre el territorio. En su pérdida de disimulo no cabe engaño que eluda nombrar la ocupación.
La estrategia para Planet Gaza, proveer de insumos los ánimos de guerra.