Política y escuelas

Ciudad de México /

Es común que políticos de mala calidad regalen momentos de honestidad involuntaria y exhiban su falta de pericia, concepción de mundo —así sea pequeño— y entendimiento en las funciones del Estado.

Un mal optimismo rodea el desenlace al cambio de calendario escolar, como si esquivar la insensatez borrase la naturaleza detrás de sí.

Gobernar, hacer política y pensarla es un ejercicio que se mueve entre dimensiones de preocupaciones, las de efectos inmediatos y duraderos, las grandes y medianas.

La misma raíz lógica que llevó al intento de recortar clases donde son pobres, se encuentra en la construcción de infraestructura o en su destrucción, como también en la institucional. Malos argumentos, nulidad de perspectiva y nociones de consecuencia. Solo que aeropuertos, refinerías, trenes y jueces no son de rectificación tan sencilla.

Si cerrar el asunto del calendario escolar da un tipo de calma o permite atender la relación con Estados Unidos, capítulos narco, consulados y tratado comercial; o el nuevo episodio de delirio asesino en Guerrero, lo imperante en Palacio de la lógica atrás del sainete SEP y su extensión a asuntos de otras gravedades deja ver lo que ahí asumen como estrategia política.

Se equivoca si alguien cree que la educación no debe politizarse, poco es más político que la formación del futuro de las sociedades y desde una perspectiva republicana ésta empieza en las aulas. Incluso las nuestras. Tristemente, en este país la política es casi en su totalidad coyuntura. Ignoro qué tan acompañado estoy en detestar esa palabra.

Su habitual estridencia, ausencia de miras o profundidad y su musicalidad me horrorizan.

Al dedicarme a escribir libros y refugiarme en la literatura no puedo evitar la observación del lenguaje.

Como a muchos de quienes compartimos oficio, los libros me han llevado a hablar de ellos en escuelas donde, escapando de programas definidos, maestros organizan espacios de refugio a la violencia. Club de lectura a la tarde, para que chicos no estén a merced de balaceras callejeras, de golpes en sus casas. No son guarderías, efectivamente, como afirmó el Secretario de Educación. En un país como México se tratan de mucho más. No es lo único que no sabe.


  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
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