Por el derecho a reír

Ciudad de México /

Todas las virtudes de la caricatura política son vileza en la vida real. La caricatura deforma en su intento por ridiculizar al poderoso. Hace conciencia sobre su falta de cualidades, busca crítica en los terrenos donde el más fuerte es ajeno.

Si el poder se caricaturiza a sí mismo desaparece el humor. Se convierte en expresión de burla hacia la realidad. Sustituye sus lógicas. Coquetea con la maldad, deja víctimas y daños.

La política se ha caricaturizado al extremo y con tal éxito que su versión actual es el entendido de su ejercicio. La paz de Netanyahu depende de bombas, como la democracia de Sánchez pide aliarse con antidemócratas, la libertad de Milei se sostiene en su acotada determinación sobre para qué se es libre; o el país feliz de López Obrador sólo existe desde la civilidad militar, la ridiculización y el desdén a la tragedia cotidiana, como desde la ineficiencia pública de lo redituable en discursos complacientes con la mentira.

Vivimos en una suerte de religiosidad laica, donde la irracionalidad política —por no ser capaz de sostener sus propias contradicciones— ha desarrollado un aparato de lógicas suficientemente articulado para asumirse irrebatible.

El empaque del populismo, útil para sintetizar parte de las posturas, adherencias y políticas de la época, puede seguir viéndose simplemente como un mal a vencer o asumirse como un fenómeno de difícil erradicación en el mediano o largo plazo.

Para contener el fenómeno de la caricatura política no se necesita de pares opuestos haciéndole competencia a lógicas gregarias y en concurso por la retórica más inflamada. Es necesario entender los códigos desde los cuales aceptamos vivir en realidades sólo justificables bajo el autoconvencimiento, para desarticularlas a través de la incompatibilidad con sus escudos conceptuales.

No es posible hablar de paz cuando ésta necesita más muertos que ética. Cuando la etiqueta de izquierda se uniforma de soldado es apenas una derecha vestida con causas, cuando los corruptos usan esas causas para venderse honestos no son más que bárbaros con mejores relaciones públicas. Cuando la política se trivializa no hay lugar para la democracia.

Mis mejores deseos para el próximo año.


  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
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