Principio de hipocresía

Ciudad de México /
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Cuando hace unas semanas circuló la carta de felicitación del embajador mexicano en Managua a la dictadura Ortega-Murillo por el aniversario de la revolución sandinista, su afirmación de que el pueblo nicaragüense se encontraba bien representado por la pareja despertó dudas sobre si esa era la postura oficial o un desplante personal de afinidad ideológica. Luego, el comandante anunció la abolición de los procesos electorales.

Si bien gobiernos de todos los signos se han balanceado en el péndulo de vergüenzas que cobijan ignominias, en los rangos de la hipocresía sobresalen de las peores formas aquellos que pervierten el lenguaje al pronunciarse en defensa de los pueblos a los que les niegan sus realidades.

Cubanos, mujeres y oposiciones iraníes o venezolanas. Ciudadanos nicaragüenses son los de ahora, cuyas tragedias no existen en la hipocresía de la causa inmaculada atrás de la nada en esa reiteración que gusta al gobierno mexicano con el principio selectivo, de no intervención.

La historia, esa que se toma en pasado y conjuga en presente, dejó claro que dependiendo del espectro hay, para algunos, dictaduras buenas, autoritarismos demócratas, vacíos discursivos que se ufanan de profundidad y se ven pueblos autodeterminados por medio de la represión, el encarcelamiento o el exilio forzado. Es el catálogo de tonterías que se pronuncian desde los mayores púlpitos por quien decide verdades.

Podríamos hacer como si no importaran las palabras de la mandataria mexicana al negarse a condenar al régimen Ortega-Murillo. Solo que todo gobierno es el intermediario máximo entre sus sociedades políticas y el mundo que les rodea. Palacio no hace soberanía al rechazar la condición de la sociedad nicaragüense. Le lava la cara a la dictadura en Managua.

Hay un desprecio a los pueblos atrás de la falsa defensa de su autodeterminación cuando se les niegan elecciones. El entorno construido con la bobería hacia el exterior también legitima, al interior, las declaraciones presidenciales que roban el papel de magistrados sobre los procesos de políticos antes que los jueces, sino es que ya son la misma cosa.

No se puede ser demócrata en casa si se ignora la falta de democracia fuera de ella.


  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
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