Radicales del buen pensar

Ciudad de México /

Parecíamos haber entendido la necesidad de rechazar la radicalización del pensamiento a partir de sus peores expresiones, el terrorismo, la violencia del fundamentalismo o el integrismo. Sus más grandes peligros. Nos fijamos en sus espantosos saldos por encima de las estructuras intelectuales de sus orígenes. Olvidamos que las Camisas Negras empezaron en algún lugar antes de ponerse su uniforme.

Es el tipo de radicalismo, medianamente aceptado socialmente y ahí su riesgo, al que nuestra época le ha prestado poca atención. Una radicalización que, sin llegar necesariamente a la violencia directa, aunque en ocasiones y dependiendo de latitudes la emplea, alimenta distintos ismos —identitarismo, racismo, antisemitismo, antiarabismo, etc.— capaces de construirse en odio, la sobresimplificación de realidades, la estigmatización de comunidades y busca la nulidad política de pertenencias. Presenciamos una estructura de radicalización que lleva a la más cínica negación de tragedias.

El radicalismo supuestamente atemperado admite la agresión a una identidad y repite consignas de Hamás hasta transformar protestas propalestinas en antijudías. O bien, afirma sin la menor vergüenza que el islam quiere muertos a todos los ajenos. ¿Con cuántos musulmanes conviven quienes dicen esto? En ningún caso se asume el ismo correspondiente mientras se pronuncia.

Con distintas expresiones y jerarquía, el mismo código presente en las universidades estadounidenses o europeas se repite en la vida política de México. Se le dice mentirosa a una madre buscadora de su hijo entre las fosas de nuestro país, porque la adscripción identitaria lo avala. Una causa escuda para convertir en despreciable al otro.

En toda estructura de pensamiento radicalizado hay un absolutismo de las ideas que se combina con la mistificación de posturas. Un solo camino o respuesta que rechaza la evidencia de sus consecuencias nocivas, un llamado que considera admisible la vileza y ni siquiera es capaz de verla a su cargo.

Dejemos de una vez la frase boba sobre el aprendizaje de la historia para no repetirla. La radicalización es la manifestación violenta de una utopía que promete futuros y entrega su imposibilidad. En presente.


  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
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