Apuntes incómodos

Sectarismo y Estado

Maruan Soto Antaki

El mayor riesgo que tiene un gobierno al actuar como si fuera el centro del mundo, es que, a menudo, el mundo a su alrededor desaparece. Aunque lo rodee. Las reglas de convivencia con el exterior no aplican para quienes habitan su propio universo, sin importar el piso común que permite un territorio.

Habituados a nuestro muy añejo y nocivo tribalismo político, damos tumbos para adentrarnos en la involución del sectarismo. El territorio que nunca logramos habitar decentemente se minimiza para convertirse en el de los adeptos, con sus normas, interpretaciones y métodos de alienación: se es parte o se es ajeno. No es ningún avance situarse en los entornos de la pertenencia por doctrinas. Ahí donde los códigos de un grupo permiten la invención del desarrollo sin crecimiento, la riqueza financiera sin dinero, la democracia sin controles democráticos, la felicidad dando saltos en medio de la tragedia insoluta.

Hemos fracasado nuevamente si la identificación primaria se admite por convencimientos y no por el piso compartido del ciudadano en el Estado.

Se podrá decir que el mundo no funciona y muy probablemente se acierte. Por desgracia para la realidad, ésta envuelve a cada individuo y si se quiere modificarla, lo primero será entenderla y no negarla.

¿Qué tanto derecho tiene un país como México a perder tiempo discutiendo aquello que desde hace rato debimos dejar establecido? Sin inversión no hay economía que crezca. Las condiciones para un proceso electoral no se modifican una vez que ocurrió el proceso. Eso es hacer trampa y en política la trampa es engaño, es abuso, es manipulación. Lo único cierto es que sin consciencia es más fácil acercarse a una idea rudimentaria de felicidad. ¿Pueden los gobiernos de este país seguir dándose el lujo de la inconsciencia?

Un fervor por el estancamiento en el presente y la fascinación por el clamor social está impidiendo pensar ciertos futuros. Se les sustituye por nadas. Incluso pasando por alto las estructuras para su protección que depositamos en la figura del Estado. El sujeto máximo de inversión pública.

Ejemplo de interpretación sectaria es lo que se busca hacer con la extensión del mandato de gobierno en Baja California. Ya no es la Constitución la que importa, sino las leyes del grupo para el grupo. Es época donde una muy privativa interpretación se sobrepone a la del acuerdo.

En el Estado se encuentran las reglas y elementos de beneficios no inmediatos que permiten la convivencia política, social, cultural y económica de los que no tenemos mayor relación que la de estar juntos en un espacio. Ese de todos y no de unos. Da la impresión de que vivimos en años donde será importante recordarlo.

El nuevo sectarismo político mexicano equivale al no ciudadano. Se prescinde del contacto con el exterior que debía obligar a la inteligencia del intercambio de ideas.

En México el debate político vuelve a ser diatriba. Se va amueblando una habitación vacía con la ausencia de dudas. La secta llena su discurso de adornos que le dan la razón sin razones de por medio.

No tenemos margen para rebajar nuestro pobre entendimiento de la democracia, menos aún para ufanarnos al creer que el pensamiento sectario tiene rasgos de Estado. 


@_Maruan


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