Statu quo

Ciudad de México /

Hay algo después de la selva y su ley, se llama la tierra de nadie. El espacio del salvajismo primario, donde ningún contenedor de la brutalidad resiste. Perdimos la oportunidad de recuperar el asco. Cada tanto ocurren eventos con los cuales una sociedad se permite sobrepasar sus ambientes de esterilidades. Aquí no. Lagos de Moreno, Jalisco, es la exhibi-

ción del fondo.

La desaparición de un grupo de jóvenes había entrado al catálogo de recurrencias. En este país se desaparece, nos acostumbramos. En ocasiones por una idiosincrasia indiferente; otras, quizá por supervivencia. Cuando se ignoran los exteriores de una casa, ésta mantiene una fachada decente. Así se caiga a pedazos. A la gente se le puede discutir ese derecho, los gobiernos jamás lo tienen. Luego apareció un video.

Si al grupo de desaparecidos les obligaron a matarse, conquistamos nuestro punto más bajo. Grabarlos es suma a la perversidad. Si no fuesen ellos los registrados, serían alguien más. El otro ni siquiera es tal, no es un hijo o amigo. No sólo a través del delirio criminal. El delirio en México es un elemento más del análisis político. Arrebata la condición de ser un uno, lo transforma en cosa desechable.

Antes de confirmarse o no su autenticidad, lo plausible del registro debió evitar lo insultante de un presidente que ríe al ser cuestionado sobre la barbarie. La plausibilidad, lo viable del horror es nuestro fondo. Supongo que también muestra la eficacia de una estrategia que dispersó militares por todo el territorio.

La ceguera ante lo atroz es parte de la sumisión voluntaria en que cayeron los ecos del oficialismo. Tan aberrante la risa como el silencio buscando ignorar el lugar donde amanecimos. Complicidad del silencio, la burla, de medios legitimando con discusiones acerca de matices un proyecto político que niega su responsabilidad. Porque ante lo atroz, por fallar a su obligación de garantizar seguridad, la responsabilidad siempre es de las políticas que permiten los entornos.

Al romper los límites de la violencia se descubren las entrañas de la descomposición. Algunas se resolverán con la aceptación de un daño causado por la tolerancia del conjunto. Muchas, probablemente, nunca lo hagan.

  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
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