Si tan solo quedara claro que entre cada discusión política hay más en juego que el futuro inmediato de las mismas. Más que la autosatisfacción de las filias. Son estos tiempos de frivolidad donde nos acercamos a anular casi por completo la aspiración de una herencia común para la época.
Nuestro sistema está tan descompuesto. A pesar de nombrarla día tras día se ha perdido la definición de corrupción. Corrupción en México no es la transgresión de la realidad o de su acuerdo en beneficio de un grupo o individuo. Si acaso, el manejo de dinero por ajenos a las simpatías del momento. En este país no es corrupción jugar con la verdad en las cifras de la violencia para dar una imagen inexistente. En la embriaguez transformadora no es corrupción que el Fiscal use su posición contra una familia. Su brutalidad o el cierre de una indagatoria en el caso Duarte son apenas muestras del hábito a la impunidad, donde las vidas atrás de cada caso importan nada.
En nombre de una bandera se alimenta el espectáculo de la mediocridad. El gobierno mexicano ha aprovechado las fallas de la política interna para desenvolverse en su sistema, mientras pretende envolverse en cambios positivos mayores.
La bandera oficial afianzó en el poder a los más frívolos. Llegaron presumiendo la horizontalidad de un movimiento sin darse cuenta de que, por la misma razón, cada aspecto contrario a su relato es indisociable de sí. El desdén a la pandemia y su angustia, Gertz, la arrogancia digital de funcionarios, los militares y la falta de transparencia son ejemplos de la vida banalizada, en pos de una etiqueta satisfecha con motes vacíos.
También se corrompe la palabra. Los frívolos ahora quieren hacer de radical un cumplido. Como si fuese un cambio drástico de peinado insultan a las víctimas del radicalismo. De nuevo, ignoran el contexto en la construcción del lenguaje. Para evitar barbaridades, un poco de educación enseña que para pensar es necesario aislar elementos, jerarquizarlos, relegar lo inútil y después ordenar. El radical no jerarquiza, porque hacerlo lleva a contemplar daños y administrar. El primer daño es la unidad colectiva, sin ella no hay Estado. Hay formas de relativizar su transgresión.
Maruan Soto Antaki
@_Maruan