Desalojar el miedo

Ciudad de México /
Únete al canal de Milenio

A veces la vida coloca a las personas es situaciones complejas, como le sucedió a la periodista Mónica Mateos (Ciudad de México, 1967), a quien le diagnosticaron un tumor en la hipófisis. Decidió narrar su experiencia en una crónica con tintes de memoria, bitácora, registro de días aciagos. Acaso también puede verse como un reportaje con aires heredados del nuevo periodismo, en donde los reporteros se sumergían directamente en la información que iban a abordar y se mezclaban con sus fuentes como si ellos fueran parte de la noticia. Un periodismo a ras de tierra, como cuando se manda a alguien a realizar la cobertura de una guerra, entonces se pone a prueba esa versatilidad narrativa del redactor, quien requiere estar prevenido para huir en el momento que sea necesario con tal de salvar su vida. De eso precisamente trata el libro, de preservar la vida.

Mariposa negra. Diagnóstico: Tumor cerebral. Mónica Mateos. Universidad Autónoma de Nuevo León. México, 2022.


La reportera está pendiente de varios hechos que van ocurriendo a la vez y que pondrán a prueba su capacidad de actuar, captar, asimilar y tomar decisiones. No puede ser una paciente más que se atiende en el sistema de salud pública, sino alguien bien informada, precavida, atenta y receptiva a cualquier situación inesperada, como cuando busca un estudio alterno o medicinas por fuera. Nada la rebasa. A veces parece que describe una prueba de resistencia, en donde se practican varios deportes al mismo tiempo.

El año de 2010 marcó un antes y un después para la vida de Mónica Mateos. La noticia fue tremenda y acaso ella nunca hubiera querido ser material de su reportaje. Pero la vida la colocó en el lugar que muchos mexicanos enfrentan día con día en clínicas y hospitales del Seguro Social. El desasosiego ante el diagnóstico, el desconcierto y verse obligada a elegir porque, aunque pudiera sentirse acompañada por su familia, nadie más que ella podría haber enfrentado lo que vendría de la manera que lo hizo; se trataba de resolver, de recoger el corazón fragmentado, desalojar el miedo y actuar ante el peligro.

El desasosiego rondaba por esos días en la familia de Mateos. Uno de sus tíos, quien laboró toda su vida en una fábrica automotriz entre químicos y gases tóxicos, tuvo que enfrentar un cáncer de hígado que acabó con su vida. Es una pena que los médicos no lo hubieran detectado a tiempo y así haberle dado la oportunidad de tener un tratamiento digno. Sin embargo, esa desventura le da entereza, valor para recordar una serie de visiones atávicas que terminarán por fortalecer su salud: “La certeza de que no moriré durante la cirugía para extirparme el tumor en la hipófisis se basa en una fuerte creencia familiar: no puede haber dos tragedias seguidas en nuestro entorno cercano, eso decía mi abuela y ella era sabia. Además, como ya dije, confío ciegamente en la ciencia médica y en mi neurocirujano, el mejor del país, según sus colegas y mi hermano. Leí todo lo que pude del procedimiento quirúrgico y revisé videos en internet. También busqué y busqué hasta que encontré el dato fundamental de la estadística de mortalidad en cirugías similares es del 3 por ciento. Nada mal. No moriré en esta operación del cerebro, como la llaman mis hijos”, escribe.

Durante sus estudios previos a la cirugía, varias veces le preguntan si ella es doctora porque se dan cuenta que domina el tema, proporciona datos. Y la respuesta que daba hacía más encomiable su cobertura: “Sucede que debido a la poca elocuencia de los doctores que me atienden en mi servicio médico público, he tenido que descifrar por mi cuenta los datos anotados en mi expediente, recetas y estudios de laboratorio”. Antes de la cirugía le toca pasar con una endocrinóloga que cree que con una pastilla de cabergolina —que debe conseguir por fuera—, podrían disminuir sus niveles de prolactina, aunque una de las contraindicaciones de este fármaco es que puede desarrollar desajuste en los neurotransmisores y entonces hace que los pacientes experimenten un mayor deseo sexual.

Una visita a un neurocirujano hace que su padecimiento tome otro rumbo. Le anuncia el riesgo: quedarse ciega de forma repentina. El especialista le explica que su caso suele ser más común en varones que en mujeres. No obstante, es claro al definir a qué se están enfrentando: “¡Es una bestia! Crece rápido y no se anda con medias tintas, a su paso todo muere: necrosis fulminante de células y proliferación vascular, es decir, de inmediato comienza a tragar sangre”. Ella no quiere que llegue la oscuridad.

Hay momentos en que la crónica periodística, testimonial, se ve nutrida de información científica. En ese instante la periodista asume su papel como divulgadora de la ciencia; es decir, hace más accesible los datos duros e incomprensibles que suelen rodear al lenguaje médico. Por ejemplo, relata con amenidad que el cerebro pesa menos de un kilo 400 gramos, y que no siempre los tumores son fáciles de detectar. A pesar de los estudios neurológicos, siempre hay “áreas silenciosas”, como las denominan los especialistas, cuyo desarrollo y movimiento no se conoce bien. En dichas zonas aparecen los intrusos o tumores de cáncer. Cuando una lee sobre las zonas insondables, se piensa inmediatamente en lugares del espacio exterior, en donde no se tiene certeza de lo que hay ni de lo que ocurre.

Todos corremos el riesgo de tener un intruso o un pasajero indeseable a bordo, adherido a la piel, a las entrañas, a los huesos, la médula espinal o a cualquier otra parte del cuerpo. Como periodistas, la vida nos ubica en lugares para desarrollar coberturas irremplazables, urgentes, demandantes, desde la zona de conflicto, como le sucedió a Mónica Mateos.

Es probable que muchos de los libros publicados durante la pandemia, corrieran con la misma suerte que una botella al mar. Una vez impresos tuvieron que sortear una serie de contratiempos que incluían desde la distribución hasta que los lectores pudieran adquirirlos en librerías, como le sucedió a esta edición.

Dice la cronista que, si existe la reencarnación, en su siguiente vida se dedicaría a la medicina.


  • Mary Carmen Ambriz
  • mcambriz@hotmail.com
  • Ensayista, crítica literaria y docente. Fue editora de la sección Cultura en la revista Cambio.
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite