Columna de Mary Carmen Sánchez Ambriz

Escribir, a pesar de todo

Mary Carmen Sánchez Ambriz

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Gracias a la iniciativa de Lydia Davis, se rescataron tanto los cuentos como los diarios y cartas de Lucia Berlin (Alaska, 1936-California, 2004). Berlin tuvo una vida errante, caótica, incierta. Recorrió varios países del continente americano en compañía de su familia, de su pareja en turno y de sus ganas vencer cualquier adversidad. Sus hijos recuerdan que pasaba las noches frente a la máquina de escribir, haciendo sonar el teclado hasta la madrugada.

Se vio obligada a luchar contra varias vicisitudes, algunas impuestas por ella misma y otras por circunstancias que se fueron dando. El primero de ellos fue que tenía parejas inestables que buscaban refugio en las drogas; eran artistas, músicos, alegres, encantadores, que le hacían la vida más agradable pero al mismo tiempo la conducían a etapas de depresión e incertidumbre. El segundo de esos espectros, acaso heredado por su madre y como consecuencia de esos momentos de abandono, fue el alcoholismo que la hizo visitar lugares inhóspitos. El tercer inconveniente provino de la escoliosis que le provocaba fuertes dolores de espalda. Y la últimalimitación que se le presentó en su vida es que con cuatro hijos y parejas inestables emocionalmente, era complicado que ella se dedicara de tiempo completo a la escribira. Berlin tenía claro que su prioridad era sacar adelante a sus hijos y por eso desempeñó varios oficios.

Era una mujer que se nutría del arte, de los sitios que visitaba, de la buena literatura (Proust, Melville, Kerouac), de las conversaciones con sus contemporáneos, de sus interminables viajes (Canadá, Estados Unidos, México, Guatemala, Chile) y de la cultura popular. Lo que predomina en su prosa es la llamada autoficción: parte de historias reales que más tarde convertirá en literatura. Es difícil imaginar que en la enredada vida de Berlin hubiera orden, pero en su escritura lo hay. Su prosa se convirtió en su refugio, como el caparazón de una tortuga que debe enfrentar lo que venga del exterior para que nada dañe lo que trae dentro.

En 2016 se publicó Manual para mujeres de la limpieza, luego dos años después Una noche en el paraíso. Como ha señalado la crítica, su narrativa ya cuenta con seguidores por la familiaridad que se percibe en sus relatos. Retrata a mujeres que viven en Estados Unidos o en México, algunas son enfermeras, madres de familia, vendedoras, obreras, recepcionistas, maestras universitarias, trabajadoras del hogar, entre otras labores que ella misma desempeñó. El alcoholismo también se presenta en algunas de estas mujeres que intentan exorcizar sus demonios.

Bienvenida a casa, su tercer libro, es una bitácora de sobrevivencia y, al mismo tiempo, una selección fotográfica y epistolar para conocer más sobre Berlin como mujer, madre, trabajadora, escritora, quien a pesar de las turbulencias gozaba de la vida.

En los años noventa, el Fondo de Cultura Económica editó un libro sumamente enriquecedor de José Iturriaga de la Fuente, en dos tomos, Anecdotario de viajeros extranjeros en México. Si se hiciera una nueva edición, habría que añadir a más autores que han dejado un testimonio sobre su estancia en México, como lo hace Oliver Sacks en Diario de Oaxaca y Lucia Berlin en Bienvenida a casa. A pesar de que su hijo Mark Berlin, cuenta que para su madre vivir en México era sinónimo de terror, pues le daban miedo los “escorpiones, lombrices intestinales, cocos que caían de las palmeras, la policía corrupta y astutos traficantes de droga”, describe lo que le maravilla de México además de sus playas y sitios paradisíacos, y la mayoría de las veces es el color. Esos tonos fulgurantes que llenan la vista de los extranjeros, el rosa mexicano, el morado, el naranja y el amarillo limón. La habilidad de las mujeres mexicanas para preparar verdaderos manjares con tan solo un comal. El primer sorbo al café con leche así como los nuevos sabores contenidos en los huaraches, la birria, los tacos de sesos, la variedad de chiles y el guacamole. “Disfrutamos de unos días fabulosos acampanado cerca de Teotihuacán. Por el camino, iba leyendo en voz alta las crónicas de Bernal Díaz, así que era un lugar real para todos nosotros. Mark y Jeff lloraron por la traición a Moctezuma; lo consideraban un héroe”, relata la autora.

Elabora un listado de los dieciocho sitios donde vivió (Alaska, Montana, Idaho, Texas, Santiago de Chile, Albuquerque, Nuevo México, Nueva York, Acapulco, Puerto Vallarta, Oaxaca y Yelapa, entre otros) y señala la serie de adversidades que tenía cada lugar. No obstante, su hijo Mark, el único de los Berlin que se dedicó a la escritura, asegura que su hogar no estaba en esas distintas casas y apartamentos sino que su madre era precisamente el hogar.

“Hubo momentos duros, incluso peligrosos. A veces se preguntaba en voz alta por qué no vino nadie a sacarnos de allí cuando éramos unos críos y ella tocó fondo. No sé, salimos adelante. Todos nos habríamos marchitado en un barrio residencial; éramos la banda de los Berlin”, recuerda Mark Berlin en el prólogo de Una noche en el paraíso, en donde destaca el relato sobre Ava Garder y su amante mexicano, mientras John Huston, Liz Taylor y Richard Burton beben mezcal en un bar dePuerto Vallarta, durante la filmación de La noche de la iguana.

Lucia Berlin tenía los ojos azules y cierto parecido con Liz Taylor. Era jovial, alegre, emprendedora y empática. Sabía que el mundo estaba erizado de peligros, esos que debía sortear.

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