La violencia es un problema social que, desde hace varias décadas, se ha instalado en nuestro país. La fallida guerra contra el narcotráfico, orquestada por Felipe Calderón, trajo de manera irremediable consecuencias graves. Como cuando se arroja una piedra a un río y esas ondas que se forman alrededor representan el reflejo de lo fracturado que se encuentra el tejido social. Tanto el sexenio de Calderón como de Peña Nieto tuvieron en común esos enfrentamientos en distintos puntos del país, que terminaron por desgastar a la sociedad en general.
Adela Salinas, en 2014, junto con otras madres de familia preocupadas por la seguridad de sus hijos, fundó el colectivo MadresPatriaMx, en apoyo a familias de personas desaparecidas. Su propósito consistía en realizar protestas de manera pacífica, acciones cercanas al performance, actos de denuncia que motivaran a la reflexión de lo que se vivía en México. A partir de ese momento, la escritora y periodista comenzó involucrarse de lleno en temas relacionados con los derechos humanos, la justicia social y los procesos de paz, entre otros temas que profundizó con sus estudios en Serapaz (Escuela de Paz de Servicios y Asesoría para la Paz), una organización de la sociedad civil inspirada en el obispo Samuel Ruiz.
Esto quiere decir que Constructores de paz en México se deriva de un proyecto que fue gestando —de manera sólida— desde hace algunos años, como resultado de un compromiso social. Se trata de dieciséis encuentros con mujeres y hombres que, desde sus respetivas trincheras, desarrollan un papel en favor de la paz, como agentes de cambio que desean colaborar en favor una la transformación social.
Cada conversación se muestra a manera de entrevista de semblanza, como un diálogo que se enriquece en un ping-pong revelador y fresco. También como si se tratara de un mosaico multicolor del tradicional juego de Lotería, la autora presenta a estos personajes inmersos en un cartón polifónico, diverso, colorido, heterogéneo y contrastante. Por eso tenemos a El sacerdote, La abogada, El pandillero, La mediadora, La periodista, El empresario, La monja, El payaso, La feminista, La guerrera, La promotora, El estratega, La articuladora, El muralista, El defensor y El comandante.
Las mejores cartas de esta Lotería en favor de la paz corresponden a varias de estas protagonistas, sería deshonesto no reconocer ese lado humanista y empático, sin fines arribistas. Por ejemplo, a Elena Poniatowska, quien recapitula parte de su vida como periodista interesada en las causas sociales: la desigualdad social, su desgaste al ver el desasosiego que vivieron varias familias en el sismo del 85, su compromiso con ese México de contrastes y el dolor que su madre no había podido externar tras la muerte de su hermano Jan. Por otro su parte, Martha Fernández, maestra de aikido, proporciona las herramientas para poder desarticular la violencia. Una de sus recomendaciones es seguir lo que decía su o-sensei, en relación al enemigo: “Tu espíritu es tu verdadero escudo. Herir a tu oponente es herirte a ti mismo. El arte de la paz es controlar la agresión sin producir daños”. Ella propone que para que exista una transformación, debemos cambiar el entorno social; ser conscientes de la fuerza interna y externa que cada uno llevamos dentro. Otrotrabajo destacado es el que realiza Dolores González Saravia en su papel de mediadora, desde la premisa de escuchar directamente a los afectados y tratar de que su voz no quede silenciada, como en el caso de Atenco y de Ayotzinapa, ambas heridas aún abiertas. Y, por supuesto, la labor que ha venido realizando Marisa Belausteguigoitia en favor de las mujeres. La investigadora de la UNAM propuso que las mujeres que enfrentan un proceso penal en Santa Martha Acatitla pintaran murales y reflejaran lo que ellas quisieran. A muchas de ellas esta iniciativa les sirvió como desahogo, pues su situación legal avanza de manera lenta y, en algunos casos, nohan podido comprobar que fueron implicadas en delitos que no cometieron. El resultado de esto quedó retratado en un estupendo documental que hizo Marisa Belausteguigoitia con apoyo de diversas instituciones.
Adela Salinas asimila así estas conversaciones: “Las personas que habitan este libro me hicieron entender que al monstruo de mil cabezas [la violencia] no se le debe cortar el cuello, pues de esa manera solo se poda y se multiplica su voracidad, sino que es necesario apuntarle al corazón, que es el centro mismo donde anida el odio que lo mantiene vivo”.
Constructores de paz es un ejercicio que debería hacerse a mitad del sexenio y al final, acaso una herramienta de evaluación y para poder conocer la opinión de distintas voces; en donde se tenga la capacidad de no privilegiar las preferencias de ningún grupo político e invitar a que participen otros agentes promotores de cambio. Trabajar en favor de la paz es una tarea diaria que debemos realizar todos.