"Ella es un monstruo": el ingenio trunco de Nacho Vigalondo

  • Bambi vs. Godzilla
  • Maximiliano Torres

Ciudad de México /

Los estrenos del año continúan alineándose para impulsar el tema del empoderamiento femenino. Este fin de semana el turno es de Ella es un monstruo, híbrido de comedia dramática y aventura sci fi que da una patada a la visión romántica y glorificada que tiene Hollwyood sobre la feminidad para jugar con ella en formas inesperadas. Y lo inesperado siempre es bienvenido en la monotonía de los veranos cinematográficos.

Luego de pasar un año desempleada, volverse alcohólica, terminar su relación con su novio y ser echada de su departamento en Nueva York, Gloria (Anne Hathaway) regresa a su pueblo natal para reordenar su vida. Allí se reencuentra con Oscar (Jason Sudeikis), un amigo de la niñez que le ofrece ayuda. El mundo de Gloria no es el único en derrumbarse: en televisión, los noticieros transmiten imágenes de un monstruo gigante (similar a los kaijus del cine asiático) que aparece inexplicablemente en Seúl, Corea, aterrorizando a sus habitantes. Gloria descubre que está conectada con este fenómeno, ya que puede controlar a distancia los movimientos de esta criatura.

Detrás de esta historia está Nacho Vigalondo, cineasta con imaginación salvaje para los estándares de Hollywood. Con cintas previas como Cronocrímenes, Extraterrestre y Open Windows, el director español nos ha declarado su misión de darle nueva vida al cine de género con películas que, cuando el boca en boca nos cuenta de qué tratan, deseamos correr a verlas.

Como todas las premisas que ingenia Vigalondo, Ella es un monstruo tiene un giro de tuerca rebuscado-genial que capta nuestra atención desde el primer minuto. Y como todas las premisas que ingenia Vigalondo, mantener esa genialidad después del primer acto es complicado. En todo caso, sus intentos son un deleite.

La idea de un monstruo acechando una urbe asiática y que es la manifestación de los demonios internos de su protagonista es oro para una comedia sci fi. El guión añade otra capa interesante cuando una subtrama en la que tiene que ver el personaje de Jason Sudeikis plantea que la aparición de este kaiju es una metáfora de las relaciones abusivas. Detalles como el hecho de que Gloria provoque la aparición del monstruo únicamente cuando pone un pie en el área de juegos infantiles de un parque son muestra de los destellos creativos de su director. Curiosamente, no es este combo de sci fi disparatado el que tiene problemas para sostenerse; es la parte dramática que debe justificar y trascender la inclusión del monstruo.

Desde su escena de introducción hasta el desenlace, Gloria es una protagonista opaca que nos priva de información. ¿Es autodestructiva, es una rebelde sin remedio, o es una mujer pasando por una faceta oscura? Sabemos que vive cierta lucha interior cuyos síntomas no son claros, y nos impiden empatizar con ella. En general, las escenas que deben dar profundidad a los personajes y peso dramático al relato son aburridas, de un tono incierto en el que es difícil percibir si Vigalondo va a prepararnos un chiste o un momento emocional. Aunado a ello, los cuatro personajes principales parecen estar completamente aislados de su entorno.

Rey en el concepto y mártir en la ejecución, Nacho Vigalondo sigue entregando material disfrutable en el que vale la pena tener fe. Seguimos esperando su película absolutamente buena, que lo catapulte a las grandes ligas.

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