El pasado jueves por la tarde, cuando regresaba a la oficina después de la comida, sobre la calle 31 poniente a la altura de la 13 sur, frente a las instalaciones de la BUAP me tocó hacer alto, y mientras esperaba el cambio de luz, un sujeto mal encarado me pedía bajar el vidrio de la camioneta al tiempo que señalaba la llanta delantera del lado derecho.
Como venía en una llamada telefónica, ni siquiera puse atención a lo que me decía, pero no bajé el vidrio, y el malandrín trataba de convencerme de que algo pasaba con el neumático para obligarme a estacionar a un costado de la avenida.
Cuando cambió el semáforo, avancé unos metros y de inmediato salió una mujer, también de aspecto duro que señalaba al lado derecho, pero decidí ignorarla y seguí avanzando hacia las oficinas de Multimedios.
Eran cerca de las cinco de la tarde, así que el tráfico y el flujo de personas en las instalaciones médicas de la Benemérita eran intensos.
Sin embargo, a la altura del edificio de la Fiscalía General del Estado, una camioneta Journey color gris se me emparejó y el acompañante del conductor me comentó: "te me iban a asaltar", y le contesté que sí me había percatado.
Hace algún tiempo, en pleno Centro Histórico, dos personas con las mismas características, es más puedo jurar que se trataba de ese par, me quisieron aplicar el mismo modus operandi, pero la presencia de una patrulla sobre la 4 oriente los inhibió.
En aquella ocasión cometí el error de bajarme de la unidad para verificar el supuesto desperfecto, pero el tipo vio a unos metros a la policía y se retiró despistadamente, aunque minutos después supe que me querían atracar.
Esta vez fue diferente, pues no caí en el engaño, pero es probable que algún otro automovilista no haya tenido la misma suerte. Por increíble que parezca, la vigilancia policial brilla por su ausencia.
Mientras tanto a nivel nacional, sigue la polémica entre los políticos de la 4T por Rocha Moya que a la brava quiso regresar al cargo. Como dice el dicho popular, por eso estamos como estamos.