En las últimas semanas hemos escuchado y visto cientos de videos e imágenes de jóvenes personificados como animales (gatos, perros, caballos, etcétera), en una tendencia que en TikTok, IG y Youtube los denominan como therians.
El origen del movimiento como comunidad se localiza en los años 1990 en Argentina, y algunos trabajos académicos lo describen como un fenómeno o movimiento en línea, donde la identidad se articula mediante foros y comunidades digitales.
Se trata de personas que se identifican, a un nivel psicológico o espiritual, con un animal no humano. No creen ser físicamente un animal, sino que sienten su esencia interna.
Las personas con esta preferencia se manifiestan a través de comportamientos, instintos o una forma particular de percibir el mundo.
Este tema se ha convertido en tendencia en redes sociales, tomando forma como movimiento o subcultura principalmente, en el que la gente narra una identidad animal-humana, y construye comunidad alrededor de ello.
Algunos expertos han acentuado el concepto de “teriantropía clínica”, un fenómeno psiquiátrico raro donde existe una creencia delirante de transformarse en un animal.
También existen leyendas relacionadas con híbridos humano-animal desde la antigüedad, y están presentes en mitologías como la licantropía, o sea los hombres lobo que en las películas tomaban forma salvaje con la luna llena.
En mi barrio todos teníamos apodos, El Gato era porque tenía ojos verdes o por que se caía y no le pasaba nada, o El Caballo por su cara alargada y su tamaño, El Burro siempre ha tenido varias connotaciones, pero nadie se sentía animal.
En lo personal lo veo como una moda, que con seguridad se les olvidará pronto, aunque en estados como Puebla algunos diputados se quieren subir al trend, a mi juicio, con cierto grado de irresponsabilidad.
En las redes hay una gran cantidad de memes, porque para muchos, incluido el que esto escribe, es una vacilada de la que algunos pueden salir mal librados.