La semana pasada, poco más de una veintena de madres buscadoras de Nuevo León participaron en la Marcha de la Dignidad que se realizó en la Ciudad de México. La consigna fue clara: no es un día para celebrar, sino para alzar la voz ante la inacción de las autoridades a nivel federal, así como de las Fiscalías en los estados.
Como cada Día de las Madres, llegaron al pie del Ángel de la Independencia con carteles, fichas de búsqueda, mantas, figuras de cartón y fotografías con rostros de personas desaparecidas cientos de familiares, entre ellos un grupo de nuestra entidad.
Y en honor a la verdad les asiste toda la razón, porque no se puede festejar en una fecha tan importante, cuando en el país hay más de 133 mil personas desaparecidas, y la cifra va en aumento.
En representación del estado acudieron madres del Colectivo Renacer, encabezadas por Elva Elizabeth Rivas, y fueron recibidas por la titular de la Fiscalía de Desapariciones de la FGR, ante quien expusieron una serie de inconsistencias en casos de nuestra región.
Para las familias de desaparecidos, las trabas son muchas más que las facilidades, en algo tan básico como el registro de personas que han sido reportadas desde hace años, y todavía no aparecen rastros, a pesar del esfuerzo de las mujeres.
Hay ejemplos como el del predio en Salinas Victoria, donde siguen recolectando pruebas y se ha logrado que vuelvan a analizar fragmentos que tenían rezagados por más de 14 años, de los cuales salieron 11 perfiles.
Es decir, gracias al esfuerzo de los propios familiares han podido avanzar, porque en la Fiscalía estatal los funcionarios siguen cobrando sus sueldos sin cumplir con sus obligaciones.
El rezago es evidente, como también la falta de recursos para los colectivos, que dicho sea de paso están haciendo el trabajo sin tener el apoyo oficial, cuando muchos andan distraídos en el Mundial de futbol.
El balompié es el deporte más popular en este planeta y por supuesto México no es la excepción, pero tampoco deben pausar los asuntos relevantes, entre ellos las ausencias forzadas provocadas por el crimen organizado. Para los afectados por este flagelo, nuestro estado es tierra de desaparecidos, aunque no quieran reconocerlo.