De Rafael N., empresario español presentado ayer por la Fiscalía General del Estado como el presunto Tirador del Atlixcáyotl, he escuchado versiones encontradas sobre su personalidad. Es como si me estuvieran hablando de dos tipos muy diferentes en cuanto su forma de ser.
Hay quienes lo describen como una gran persona, un buen padre de familia de dos hijos mayores de edad que trabajan con él en sus negocios, y dos niñas menores de edad producto de su segundo matrimonio que son su adoración.
En contraparte, otros lo señalan como un tipo de carácter agresivo y poco tolerante que a las primeras de cambio amenaza con utilizar sus armas, una de sus aficiones preferidas, pues practica el tiro desde hace muchos años, al igual que su gusto por el dominó.
A los que tienen una buena opinión sobre Rafael N., les cuesta trabajo creer la versión de la autoridad sobre la presunta autoría de los más de 11 ataques en una de las avenidas más transitadas, sobre todo porque es una persona exitosa en los negocios y no encuentran un móvil para esas acciones.
Por su lado, algunos de sus malquerientes piensan que en un arranque de enojo pudo ser capaz de eso y más, aunque también es difícil pensar que con su edad (67 años) y la responsabilidad que se supone debe tener, haya cometido los delitos que la Fiscalía poblana le atribuye.
Más allá de sus nexos políticos con el ex gobernador Mario Marín, el supuesto Tirador del Atlixcáyotl es un reconocido miembro de la comunidad española, y tiene además una empresa exitosa como Petroaadlab, que tiene nexos con Pemex en el centro y sur del país.
En la conferencia de prensa, la fiscal Idamis Pastor y el vicealmirante, Francisco Sánchez González, presentaron una serie de pruebas que al parecer lo incriminan, y en las redes sociales circularon videos de cómo desde el interior de su casa recibió a balazos a los agentes que fueron a detenerlo.
Ese hecho refuerza la versión de quienes lo refieren como un tipo desequilibrado, y por fortuna no hubo víctimas mortales, porque más allá de las carpetas en su contra, estaríamos hablando de un homicidio del cual ni todo su dinero lo habría salvado. Por ahora tiene el beneficio de la duda.