La causa y lo causado

El pueblo pone y el pueblo quita

Miguel Barbosa

El martes 5 de noviembre, la Cámara de Diputados aprobó una reforma constitucional en materia de consulta popular y revocación de mandato, misma que fue enviada a las legislaturas de los estados para su discusión y, en su caso, aprobación. Una vez que esta reforma sea aprobada por la mayoría de las legislaturas locales, se habrá consumado uno de los cambios más importantes de nuestro sistema político: la posibilidad de revocar el mandato del Presidente de la República, de los gobernadores y del jefe de Gobierno de Ciudad de México. La reforma aprobada también hace viable la consulta popular, contenida desde hace años en la Constitución, pero imposible de ejercer en la realidad.

Nuestra democracia estaba trunca si la ciudadanía continuaba sin tener la posibilidad de revocar el mandato que ellos mismos otorgaron en las urnas. La democracia participativa no será una realidad mientras la ciudadanía siga sin poder participar de manera directa en los temas de la agenda nacional.

El pueblo pone y el pueblo quita. No solo es una frase retórica o de campaña, expresa un aspecto fundamental del ciudadano en los regímenes democráticos.

Los hombres de la Ilustración decían, y con razón, que el soberano debería tener las manos libres para hacer el bien y las manos atadas para hacer el mal. El fundamento de la revocación de mandato está en el reconocimiento de que la soberanía dimana de la voluntad del pueblo. En democracia son los ciudadanos los que hacen posible, por medio de su voto, que una persona ejerza el poder, pero cuando esa persona falle en su propósito, cuando cometa acciones que denigren su investidura o vayan contra principios fundamentales, la ciudadanía tiene derecho de revocarle su mandato.

La revocación de mandato es la manifestación de la voluntad social que permite a la ciudadanía sustituir democráticamente a sus gobernantes. La revocación de mandato es un instrumento presente en varias de las democracias y regímenes: en Estados Unidos, varios estados, condados y ciudades incluyen esta figura; en Canadá se estableció desde en 1995 en la Columbia Británica; está presente en Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú y Venezuela, por mencionar solo algunos de los ejemplos más ilustrativos.

Esta figura no es nueva en las diversas entidades federales, con sus particularidades se encuentra ya en la mayoría de los estados. En 2012 se integraron a nuestra Constitución la iniciativa ciudadana y la consulta popular, pero ninguna de las dos figuras ha funcionado a la altura de sus expectativas, se necesita avanzar en el fortalecimiento de los mecanismos de democracia directa.

Hace unas décadas, don Daniel Cosío Villegas describió, con gran sabiduría, pero sobre todo con sentido común, que en México el estilo personal de gobernar del presidente en turno marcaba el ritmo y el sentido mismo de la República.

Con esta reforma, el Presidente conserva intacta sus facultades como jefe de Estado y jefe de gobierno, pero el destino de la Nación siempre estará en la decisión de los ciudadanos.

@MBarbosaMX

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