Antes el Foro de Davos era una reunión centrada en la economía mundial, las amenazas del medio ambiente en crisis y la discusión de las estrategias económicas y sociales para mejorar la situaciones del mundo desarrollado tal que pudiera ayudar a tomar acción para proponer acciones a los países en dificultades. Y así mejorar las situaciones de apuro y al tiempo incrementar el respeto eficaz de los derechos humanos de la población mundial.
Esa reunión en Suiza, fundamentalmente de grandes empresas y ciertos gobiernos invitados a las discusiones, ayudaba a revisar los adelantos en el mundo, en las materias económicas y sociales dirigidas a lograr una vida mejor, o al menos en un futuro cercano menos apremiante. Una economía más humana y una sociedad con mayor respeto a los derechos humanos, en todos los campos de la vida.
Las ideas y propuestas en Davos ayudaban a los foros mundiales de las Naciones Unidas para definir los objetivos de mejora y las acciones conjuntas para mejorar el medio ambiente, cuyo deterioro amenaza la vida humana en todo este planeta. Hoy con el “trumpismo” galopante esos objetivos se vuelven intrascendentes, pues las ideas del empresario, hoy director de los Estados Unidos, son tan simples como anticuadas y abandonadas antes por su ineficacia.
Los grandes negocios mundiales no construyen las acciones para una mejor vida de quien no está en ese camino del dios dinero y su motor, la ganancia a cualquier precio. Es más, si se consideraran en esos propósitos imperialistas a las poblaciones hoy en pobreza, harían imposibles de lograr aquellos propósitos. El capitalismo burgués o socialista ha demostrado su incapacidad, a 200 años de primacía, de evitar la pobreza, las guerras, el crimen organizado y el materialismo galopante.
La nación estadunidense se construyó con una guerra de independencia y otra más de colonización para independizarse de Inglaterra y para arrinconar a los pueblos primigenios habitantes desde siglos atrás del territorio que los colonos consideraban suyo. Desde entonces hasta hoy la guerra ha sido un magnífico negocio, a pesar de las pérdidas humanas de sus propios ciudadanos, siempre en territorios de otros. Han sabido usar las guerras de otros para no comprometer su territorio, quizá con la excepción de la guerra con México (siglo XIX) para conquistar un territorio, si bien desatendido por los gobiernos poscoloniales de México, surgidos en nuestro país después de la independencia
Un esquema mínimo y quizá no cierto del nuevo zar de la guerra mediante la paz consiste en tres pasos: donde hay conflicto optar por un bando y proveerlo de dineros y materiales de guerra; una vez la guerra ha cobrado un montón de vidas, proponer un acuerdo el cual le da la ganancia a una de las partes; y finalmente proponer al ganador y al perdonar un gran negocio de corte capitalista y pasar la charola con los más adinerados del mundo para construir un negocio: fabricas de componentes electrónicos, autos de diseño, o negocios turísticos para los grandes capitanes. Esos pasos no atienden a las personas atrapadas en las guerras. Esas no importan; ya buscarán donde acomodarse en otro lugar. Es de locura. Quizá por eso consigue elogios y ánimos. Todo eso es un enorme retroceso.
Una variante de ese diseño es “pelear” con quien está fabricando algo necesario para sus negocios. Es el reto a la nación china: dejen de fabricar lo que vamos a fabricar, pero aún no podemos. Por eso, si siguen van a ver cómo les cae el mazo de las sanciones económicas. “Quiero ir delante de todos y de todo, y los quiero atrás para que me compren mis productos”.
¿Dónde queda nuestro querido México? ¿Al revés de cómo quiere estar y lejos del crecimiento? ¿Atrás del “trumpismo” para hacerle lo que quiere y sobrevivir? Cualquiera de las dos situaciones será para peor. En este momento este tema “al revés o atrás” pide despertar nuestro derecho, parte de los derechos humanos sociales y económicos, para participar en la construcción de la postura del gobierno frente a este especie de “circo político, racista, beligerante” a fin de construir una postura nacional desde la cual el crecimiento económico, la mejora social y la modernización de la política (hoy atascada en la peor regresión del siglo) no sucumban ante la amenaza de neo- colonización.