Gobierno futbolero

Jalisco /
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Por fin se inició el Mundial de fútbol sin sucesos que lamentar. Desde luego los pendientes del país siguen pendientes, vivos y hasta aprovechando el movimiento provocado por el “Mundial” y sus inevitables sucesos, conferencias, precisiones, anécdotas y hasta la nota buena de “nuestro equipo”.

Las manifestaciones populares de ayer, espontáneas, numerosas y hasta el momento sin nada que lamentar, indican la popularidad del fútbol, el apego a todos los ánimos que despierta, incluyendo la “envidia” de los políticos, pues nunca tendrán un apoyo de ese tamaño, espontáneo y festivo. ¿Es defecto de nosotros mexicanos inconformes? Desde luego no es así. El fútbol en México se cuece aparte. Desde luego es una forma muy popular de olvidarse de las cuestiones disputadas, los pendientes, las quejas y hasta de los logros. Y claro lo importante de ser manifestaciones y celebraciones espontáneas y breves. Unas horas y todos a su casa, Claro hasta la siguiente.

La política y el gobierno siempre estará ligado a los intereses y desde luego a la aceptación popular. Lo bien hecho es y será aplaudido y presumido por los poderes, lo mal hecho será mencionado “de pasada” y aunque no se olvide de los afectados, no suscitará acción alguna reparadora por parte del gobierno. Desaparecidos seguirán esperando a que los ciudadanos con suerte los encuentren. Los afectados por las malhechuras de dependencias del gobierno levantarán la voz y con suerte alguna ayuda les llegará. Sin suerte, sólo el olvido no se les negará. La suerte es el acto más frecuente de la política. Lo demás son trámites obligados, sea por las leyes y reglamentos y a veces por la buena voluntad.

Algún entrenador de fútbol decía: Si quieres que tu balonazo sea gol, intenta cincuenta veces; seguro una de esas será gol. Algún político retirado decía: Si quieres que tu asunto se resuelva, no necesariamente a tu favor, intenta ayudarle a quien decide, sin contar las veces. El Estado de Derecho, surgido de la Revolución Francesa del siglo XVIII, prometía leyes bien hechas, para atender las demandas de justicia e igualdad, y gobernantes bien seleccionados por métodos democráticos. Sin duda un adelanto respecto de la monarquía. Sin duda, un paso en un camino empedrado de dificultades a resolver con leyes, procedimientos precisos y, ojo, personas encargadas ejemplos de ética y responsabilidad, avaladas por el voto popular y controladas por las leyes.

La democracia escrita manda con sabiduría el modo de atender y resolver conflictos o actos contrarios a la salud ciudadana, incluso de un solo ciudadano, y establece que las personas concretas comprometidas, libremente, por una promesa personal a “cumplir y hacer cumplir” las leyes ejecute los actos necesarios para cumplir lo que manda la ley; así, también en los hechos las soluciones de fondo en ciertos asuntos, no se pueden cumplir, aunque se decidan en el papel, porque en muchas ocasiones no hay manera de imponer los comportamientos y actos mandados por la ley, frente a costumbres e ideologías de la comunidad en la cual se ha suscitado el diferendo.

El fútbol no es democrático. Es comunitario. Un equipo no se dirige con votos, sino con resultados en partidos ganados. Ganar partidos implica comprar a los jugadores más capaces de hacer lo necesario para eso: ganar. Y ganar es del dueño para que siga siendo dueño. Esos jugadores no se deciden en una votación, sino por un jefe, llamado entrenador o director técnico. Este los llama o los despide según su contribución a lograr una comunidad –llamada equipo– capaz de conjuntarse de manera óptima para “meter” goles, al contrario. A ratos la democracia se vuelve fútbol. En este Mundial de fútbol alguien puede pensar que a nuestros gobiernos les faltan goleadores y les sobran ayudantes del director. O, mejor alguien puede recordar que alguien tiene un negocio enfrente y si es mundial, mejor.

En las Ligas Mayores de Estados Unidos de América y un trocito de Canadá, juegan todos los años, al fin de la temporada una Serie Mundial, que dé mundial no tiene nada excepto la transmisión por televisión. Los jugadores tienen derecho a un porcentaje de las dineros de las entradas, pagadas por los aficionados. Sólo los primeros juegos, para evitar sospechas. Igual pasa en el Basket Ball, en el Hockey sobre Hielo y en el American football. Acá tenemos una liguilla para los ocho primeros lugares, (después de cada torneo y hay dos por año) los cuales se van eliminando hasta quedar dos para disputar en dos partidos la Corona del Futbol Mexicano. Similar situación se da en los otros deportes profesionales.

Es mejor para el gobierno tratar con los dueños de los deportes profesionales que con los líderes sindicales de cualquier sindicato, especialmente de los trabajadores del Estado, sobre todo cuando son disidentes.

Será interesante ver para dónde “patea el balón” del CNTE el gobierno mexicano, antes de recibir algún gol en su portería. Veremos.


  • Miguel Bazdresch Parada
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