LA EDUCACIÓN SOCIAL SE DERRUMBA

Ciudad de México /

La educación es una acción de las personas humanas mediante la cual se facilita el autoconocimiento de uno mismo, el porqué de vida y muerte, por qué hombre y mujer, por qué permanencia y transformación, ánimo y desánimo, amor y desamor… y de dónde venimos y dónde vamos, solos o acompañados. Todos estos pares, y otros más, de opuestos y complementarios son los ingredientes para hacer la vida, nuestra vida y, quizá, resolverla.

Hacer nuestra vida, algunos lo piensan como posesión de bienes culturales y materiales. Otros lo piensan cómo construir la vida solos o con compañía amorosa. Y, por otro lado, es la libertad, ese bien con el cual nos ayudamos a pensar y decidir nuestros actos, acciones y actividades con las cuales aparece y construimos la presencia de otros y otras. Libertad sentida, pensada, elaborada parte por parte, y así lograr ese “hacer la vida” se resuelva en acciones y decisiones libres.

Identificar las ideas, los hechos, las acciones, las propuestas, los otros y las otras con las cuales alcanzar la libertad se facilita con eso que llamamos educación, pues nos ayuda a construir los mapas para recorrer el camino, nos muestra la gran cantidad de caminos y cómo en todos podemos construir con libertad, podemos reunirnos con otros y otras en libertad y amorosamente. Y desde luego la educación ayuda a evitar las miradas torcidas, pues a veces confundimos lo amoroso con lo libidinoso, la amabilidad con el chantaje y la fuerza interna con egoísmo.

Y esta educación omnipresente y entrelazada con la libertad desde la primera sonrisa del ser humano recién nacido, hasta el último adiós antes de morir a la vida terrenal, es una conquista la cual, si la sociedad no participa, se hace casi imposible. La acción y la vida social es un factor central en la humanidad de las personas y de ahí las convicciones de personas, pueblos y actividades sea una tarea de aprender, pues se constituye mediante la educación social. Y cuando falta o se pervierte la educación la libertad para vivir en humanidad se dificulta y aun se impide del todo.

La educación, toda, vive en los actos de las personas, en la mirada y el pensar de los observadores de esos actos vivos, captados con nuestro ser al interesarnos por los actos y los sucesos. El resultado en cada uno quien observa y participa de lo producido por los actores, esas personas con quienes me encuentro por azar o por acuerdo, es un conocimiento, quizá desordenado o incomprensible, siempre iluminador y deseable.

El niño o la niña quieren el juguete de otro niño o niña, pues les fascina el efecto observado en el jugador. El aficionado al deporte entra en éxtasis al ver a su ídolo meter un gol, tumbar al boxeador contrincante o burlar al otro tenista al cambiarle la dirección esperada de la pelota. A todos nos fascina el excelente desempeño de nuestro “fan”, sea jugador, sea director de la empresa, sea el o la cantante de la tv o sea el profesor cuando explica lo complicado con sencillez y claridad.

La educación social empieza con la relación entre unos y variados actores convivientes en la sociedad. Es educación porque el acto del padre, de la madre se dirige a conseguir un hacer del hijo/a, Igual los actos de los educadores sociales esperan conseguir el objetivo pensado, al buscar y suscitar una acción congruente con un propósito. Sin embargo, en los hechos la acción lograda puede ser inesperada y a la vez digna de tomar en cuenta y así continuar la relación para conocer el efecto producido y valorarlo y aprender cómo fue que buscando X obtuvo Z.

Esa relación necesaria entre uno y otro (o unos y otros) puede no ocurrir y aun ocurrir un efecto de rechazo absoluto. Y, por tanto, la relación iniciada se rompe y el efecto educador se aleja y aún se pierde. O peor: se califica de índole dominadora y por tanto se produce un alejamiento y una descalificación al considerar intento de manipulación. Si esta no – relación se repite y se reafirma como lo que “debe ser” la educación social se derrumba.

Cuando las personas afirmamos nuestra convicciones, veleidades y ocurrencias y las queremos imponer como las únicas formas de pensar para conseguir un objetivo, la educación social se derrumba. Más aún cuando se impone por la fuerza una manera de hacer y se quiere justificar con un pensamiento falaz, sólo se logra un rechazo, Las personas queremos relacionarnos con quien nos propone su mirada, su hacer y su pensar para utilizarlo en mejorar nuestros modos en libertad y no para violentar al interlocutor.

La educación es social. Se constituye por la relación entre personas que persiguen conocer el pensamiento y el hacer del interlocutor. Así es posible construir una ética sin violencia y una mirada siempre atenta y capaz de aprender de las acciones realizadas por aquellos con quien estoy en relación, fuerte o sencilla. También es posible, al final, el rechazo de las acciones del interlocutor pues las ejercita con violencia, prepotencia y con propósitos de doblegar la voluntad del otro. En este caso desaparece la intención educadora del acto y la educación social desaparece.

Los hechos recientes entre los jefes de Estados Unidos y los jefes de Venezuela están derrumbando la educación social. Sin ella, surgirá la violencia y el desorden De ahí la importancia de restablecer desde luego el respeto y la capacidad de relacionarse como iguales. Si no se quiere y no se hace lo van a pagar tarde o temprano. Y un poco todos quienes ahora los vemos y lamentamos la falta de consideración de esa educación de la sociedad, hoy congelada.


  • Miguel Bazdresch Parada
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