Política y democracia

Jalisco /
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La política tiene dos territorios en los cual realiza sus actos más importantes. Uno es el ligado al ejercicio de la democracia, en cuanto esta es un sistema de gobierno de los pueblos. Otro territorio es cotidiano y se ejerce en el mundo de las decisiones de gobierno para mantener gobernada a una población, es decir aplicar las leyes y normas democráticamente autorizadas en los asuntos de los diferentes intereses y actividades de la población sobre la cual tiene autoridad.

La diferencia central de la política democrática respecto de otras formas de gobierno se expresa muy bien con un famoso dicho de Abraham Lincoln, presidente que fue de los Estados Unidos: “Democracia es la forma de gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo”. Esta fórmula se acota con otra, pronunciada por quien fue primer ministro del Reino Unido, Winston Churchill: “La democracia es la peor forma de gobierno excepto todas las demás”. Lincoln definió el primer territorio, y Churchill el segundo.

Hoy nuestro país tiene una realidad en la cual las leyes y normas escritas cumplen muy bien lo definido por Lincoln y la aplicación de esas leyes y normas democráticas se atoran y complican al tratar de cumplirlas por las dificultades ya definidas por Churchill. En muchos asuntos de la política ningún político en funciones quiere ver inaceptables o incumplibles las leyes construidas con base a su filosofía e intereses, por perder una votación contraria en el seno del Congreso democrático, fruto de las posturas de otros grupos de políticos. De ahí la dedicación constante de los grupos políticos, llamados partidos, por conseguir primero el favor de, al menos, un sector de la población, y segundo, el convencimiento de los grupos políticos contrarios.

El problema del servicio del agua en la zona metropolitana de Guadalajara es un caso concreto, digno de pasar a los libros (aunque sean electrónicos) pues es el caso de un problema, relativamente sencillo, complicado por decisiones un tanto parciales. Se resolvió una parte del problema y se dejó pendiente en otras partes. Este modo de proceder hoy genera insatisfacción, y en algunos hasta rabia, pues el agua, desde buen tiempo atrás no llega a los hogares con buena calidad.

En estas fechas el gobierno primero dijo: se va a componer, un poco de paciencia. Claro, se acabo la pacencia antes que limpiar el agua, lo cual produjo una nueva solución parcial: “Está bien, acepto, dijo el gobierno y no les voy a cobrar”. Algunos reaccionaron y dijeron: El problema no es pagar, sino beber agua limpia”. Y otras situaciones similares dejan ver el ejercicio previsto por Churchill: Se resuelve a medias y se produce enojo total.

Los pobladores resuelven expresarse de manera pública y masiva, para mostrarle al gobierno su descontento y oposición con las medidas paliativas propuestas. Así se hace una manifestación en la Casa de Gobierno, a la cual asisten miles de personas quienes sufren con el agua sucia y otros en solidaridad con los más molestos. Y claro Churchill ve, desde el cielo, como se cumple su análisis: el gobierno reacciona con violencia y sale con armas a “detener a los alborotadores”, según la estrecha definición de los policías. Lio mayor: una sociedad, toda no sólo los quejosos, más que enojada. Las fuerzas “vivas” definidas así alguna vez por un político de silla y libros, reaccionan en favor de los quejosos y el gobierno cede y define una solución “definitiva” así: “puesto que el agua no se puede limpiar, vamos a traer agua limpia con un nuevo acueducto”. La solución requiere tiempo, por lo cual el gobierno dice; “En tanto se construye el nuevo acueducto vamos a repartir el agua limpia entre todos, lo cual implica menos agua para cada usuario”.

¿Por qué tanto tiempo en atender de raíz el problema? Misterios o “malos pensamientos” sobre la política y la democracia. Con el agua no se puede hacer otra política tal como la definió Lincoln: la defendida por el pueblo. La academia tiene ahora un nuevo ejemplo para reiterar sus afirmaciones con las realidades.

¿Por qué los problemas se dejan crecer hasta hacerse explosivos? ¿Gusto por dejar crecer el descontento y luego mostrarse comprensivo? ¿Actuar hasta verse presionado por las mayorías, y así dar por buenas las peticiones de las mayorías, las del pueblo, soberano lo califican algunos?

En este asunto como en otros a lo largo y ancho de las democracias, a los gobernantes y a las autoridades les gusta aparecer esclavos del pueblo, de las mayorías quejosas, de las decisiones difíciles tomadas porque al pueblo no se le niega lo mandado por la política: satisfacer las necesidades mayoritarias. Esas actuaciones y decisiones son las razones para lograr el acuerdo, siempre buscado en las democracias, para satisfacer al pueblo en conseguir una mejoría de vida.

Bien por las decisiones, bien por los planes y… ¿bien por las realizaciones? La política, esa de Winston Churchill, ya nos dirá la calidad de los hechos.


  • Miguel Bazdresch Parada
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