Roles en crisis

Jalisco /
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Nuestra sociedad mexicana, los mexicanos en general, estamos ante la problemática del uso del celular en diferentes áreas. Hace rato el celular en las fábricas y negocios donde el trabajo manual es prioritario está controlado incluso con límites legales en la ley federal del trabajo. En semanas anteriores se acentuó la discusión pública sobre el uso del celular en las escuelas pues el problema en la unam, por el exceso de aprobaciones de su prueba de admisión con la más alta calificación posible, indicó fraude. Las constantes noticias sobre “ciberbulling” también con un incremento en el número de sucesos; y las noticias sobre fotos, juegos y hasta amenazas francamente agresivos mediante celulares, han encendido alarmas entre diferentes segmentos de familias, en especial aquellas con hijos adolescentes.

Diversos documentos oficiales de la secretaria de Educación Pública indican ciertas reglas: Por ejemplo, en el nivel federal la “Guía Operativa SEP 2025-2026 establece que queda restringido el uso de teléfonos celulares y demás dispositivos electrónicos de alumnos y personal durante la jornada escolar, salvo cuando tengan un fin pedagógico.” La frase deja abierta la posibilidad de cualquier uso del aparato al no definir “un fin pedagógico”. Sin embargo, aún no existe una ley federal que prohíba el celular en todos los niveles educativos del país. En algunos estados ya han regulado y limitan o de plano prohíben el celular en las escuelas básicas.

De cualquier modo, los usos atrevidos de los jóvenes y el incremento de reportes de uso excesivo del celular pues reduce la concentración y, se deduce, tiene consecuencia no positivas en el aprendizaje, tal como en un estudio reciente de una universidad, los profesores indican fuertes impactos en el des- aprendizaje.

Por otra parte, el uso organizado y controlado, asociado a un propósito educativo del celular, puede ser una herramienta valiosa. Por ejemplo, información al instante, recibir problemas a resolver, y hacerlo con ayuda de la consulta digital de informes, libros, reportes recientes; posibilidad de traducir, localizar significados especiales y hasta dialogar con el profesor o con sus compañeros para mejorar sus propuestas, enviar las instrucciones de la tarea y proponer trabajo colaborativo con sus colegas Y, ojo, dicen los administradores, facilitar la comunicación con los padres ante emergencias.

Una acción pocas veces utilizada con seriedad es la posibilidad de coordinación entre padres, estudiantes y escuela; pueden hacer reglas, apoyarse en información y acordar modos de proceder en los casos de urgencia. La consistencia y las reglas claras ayudan.

Las personas, hace buen rato, nos acompañamos para diseñar los mejores modos de uso de los libros para aprender. Aunque en épocas pasadas la asistencia a los sermones de los sacerdotes famosos era el modo de aprender acerca de los modos de aplicar las reglas de la religión en la vida diaria, de la familia, del pueblo, del trabajo y de las relaciones con Dios. Una vez inventada la imprenta y la forma de hacer libros con las palabras de los sabios, de los monjes y de los literatos, la tarea escolar empezó a realizarse con la lectura de los libros escritos y publicados. En ellos estaba – y está – el conocimiento y los mejores caminos de llegar a la perfección. Los papiros quedaron atrás. Y, la historia consigna los pleitos contra los libros y los autores considerados irreverentes, y cómo se combatió tal pleito y los libros, sus autores y sus lectores diluyeron el malestar y nació el valor del saber y su aplicación a todas las facetas de la vida.

Con la gran divulgación de los libros y su contenido de ideas, historias, leyes, formulas y literatura, fue posible democratizar el saber, ordenar la forma de adquirirlo y practicar la aplicación de sus normas y propuestas. Todo esto, siglos de por medio.

Por eso, los inventos suscitados por el descubrimiento del mundo de la electrónica y su aplicación en mil y un procesos, aparatos, prácticas, libros… todo lo cual dio lugar a la aparición de las posibilidades tecnológicas, las cuales invadieron la vida intelectual y práctica del planeta y… hoy somos tecno-dependientes.

La gran diferencia de esta tecno dependencia, respecto de otras apariciones intelectuales, prácticas y técnicas de los siglos anteriores, hoy la velocidad de los efectos y de los nuevos desarrollos instrumentales es la más rápida habida en el mundo. Esta velocidad trastoca los roles de prácticamente “todo el mundo”. Un signo de la diferencia está en las dificultades de la educación, de la escuela en particular, para modificar los modos cotidianos de proceder en la educación. La señal del celular es un ejemplo, y no es el más importante. Nos hemos adaptado a la máquina de escribir eléctrica, a la calculadora electrónica, a la computadora, a la tableta, y… nos “atoramos” con el celular, a pesar de representar la articulación de esos aparatos anteriores. El celular hace lo de esos artefactos previos y además lo suyo propio. De ahí el reto de comprender de fondo las lógicas de operación de los celulares y articular esa lógica con las lógicas del aprendizaje.

Así, la tarea es doble: conocer cómo se aprende y cómo aprende el celular. Y, nada fácil, buscar las articulaciones posibles. Por ejemplo: cómo funciona una celda fotovoltaica, clave para los paneles de energía solar, clave para bajar el desgaste de la naturaleza con la producción de electricidad con base en presas y cientos de kilómetros para llevarla a cada hogar, fábrica y oficina. ¿Cómo podemos usar la lógica de aprender del celular para ayudar a aprender el problema de la generación eléctrica? Evitar la búsqueda de la articulación de ambas lógicas, nos lleva a abandonar el tema y enseñar la electrificación como fruto de algunos macroprocesos de producción energética. La cual, por cierto, puede leerse en el celular. Eso sí: de memoria. Y el efecto en esos estudiantes es saber por unos días que la generación de electricidad se hace con las vueltas de un generador, las cuales son posibles con un volumen inmenso de agua de un rio, guardada en una presa.

El celular lo explica en una lectura mucho menor a la ocupada en este párrafo. El “pero” es ¿cuál es el aprendizaje del estudiante? Quizá por eso el profesor se opone al celular, pues no lo necesita. Sin embargo, si se quiere se puede recuperar en la lógica del celular el proceso de producir electricidad. Será más tardado. Será más a fondo. Será más lógico. Y, sin duda, el estudiante no sólo comprende. Además, lo puede explicar. Y ese “lo puede explicar” ha de ser la demanda del profesor a los estudiantes: “tomen su celular, piensen qué deben hacer para explicar la producción de la electricidad, realicen la respuesta y expliquen”. (¿Se podrá tanta belleza?)

El rol del maestro, en crisis. No es fácil. Es formativo… y los roles son otros.


  • Miguel Bazdresch Parada
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