Verdad histórica

Jalisco /

Todo gobierno ofrece, tarde o temprano, explicaciones extrañas sobre algunos hechos muy inusuales en los que intervienen agentes del gobierno, y los cuales impactan con dureza a la ciudadanía. Explicar esos hechos extraños de frente a la población resulta, al paso de los días, en posicionar una verdad histórica, es decir, una que explica casi nada y se reitera hasta el cansancio y de ahí su valor para anotarse en el libro de Las Verdades Históricas. Quizá algún día en el futuro insista en escudriñarlas y pueda completarlas y explicarlas mejor que hoy. Ejemplos de esas narrativas previas: El “complot comunista” que justificó la matanza de Tlatelolco ´68. “Los quemaron en el basurero” para explicar el destino de los estudiantes de Ayotzinapa.

Esas verdades son narrativas construidas para hacer referencia y ocultar a la vez los hechos. Son hechos que plantean un dilema ético, cuyas dos opciones enfrentan un mal. En teoría quien decide trata de optar por el mal menor, según su parecer. Al observador externo cualquier decisión le parecerá mal. Y sí lo es, pues no hay opción “buena”. La cuestión es si lo decidido es lo “menos” malo. Lo sabremos cuando la verdad histórica correspondiente, anotada en el libro, pueda recuperarse. Hoy, con todo y explicaciones, no tenemos elementos suficientes para conocer lo sucedido en Culiacán en estos días. Quizá nunca.

Entretanto la realidad se impone y nos urge a actuar para acepta vivir con ella o para intentar intervenirla y mejorarla. El país está envuelto en un cambio de relaciones entre gobierno y sociedad, en un cambio institucional y societal. Los diferentes grupos y sectores de la población revisan, critican o aceptan, proponen o refutan las acciones del gobierno dirigidas a promover ese cambio de ciertas realidades consideradas indeseables. Al mismo tiempo el gobierno critica y descalifica las acciones y propuestas, que le son contrarias o inaceptables, hechas por los diversos grupos de la ciudadanía interesada en participar en ese cambio de las realidades indeseables.

Si el país fuera una vasija de laboratorio, estaría caliente, humeante y en ebullición, cual signo de las diferencias entre las versiones de unos y otros acerca del cómo hacerlo, o no; y signo también de los riesgos de intentarlo. No hay intento de cambio sin afrontar riesgos.

  • Miguel Bazdresch Parada
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS