Cuando los cimientos de un sistema empiezan a moverse, cuando se desafían privilegios largamente arraigados o cuando se vislumbran cambios estructurales en el horizonte, es natural que surja la discordia. Los golpes mediáticos, las calumnias y las mentiras no son fenómenos casuales; son síntomas. Son el eco de la inconformidad de grupos económicos o políticos que ven amenazado su statu quo. Como nos recuerda la historia de las revoluciones, desde las luchas por la independencia hasta las transformaciones sociales del siglo XX, todo intento de redefinir el poder es recibido con una ofensiva por parte de quienes se benefician del sistema existente. Se agudizan las tensiones en vísperas de elecciones o, paradójicamente, cuando las cosas se están haciendo bien, porque es la evidencia del progreso lo que más inquieta a los inmovilistas.
Heráclito de Éfeso, el filósofo griego que nos legó la idea del cambio perpetuo, sentenció que "nadie se baña dos veces en el mismo río". El agua fluye, la vida se transforma y las estructuras sociales y políticas, por más rígidas que parezcan, están sujetas a la misma ley universal de la impermanencia. Sin embargo, toda fuerza de cambio encuentra una contrafuerza de resistencia. La historia nos enseña que las grandes transformaciones no ocurren en el silencio, sino en medio del estruendo de quienes se aferran al viejo orden.
Esta dinámica será una constante en los próximos años para quienes creemos en la necesidad de una refundación de raíz del sistema político y democrático del país. Quienes apostamos por la Cuarta Transformación entendemos que nuestro camino no es el de la complacencia, sino el de la innovación y la disrupción. No buscamos administrar la inercia, sino catalizar una revolución desde adentro, una que sea pacífica, técnica y, sobre todo, profundamente democrática.
Como joven hidalguense, creo que el sistema político está cambiando. Creo en un futuro donde la planeación estratégica y la prospectiva nos permitan anticiparnos a los desafíos en lugar de simplemente reaccionar ante ellos.
Frente al ruido y la desinformación, nuestra respuesta no será el silencio ni la confrontación estéril. Seguiremos siendo técnicos, comunicando cada paso, cada decisión y cada resultado. Seguiremos insistiendo en que la ruta para mejorar nuestro país no pasa por la descalificación, sino por las propuestas, los proyectos y los planteamientos serios. La verdadera revolución se construye con inteligencia, planeación y visión de futuro. Es ahí donde la innovación y la tecnología se convierten en nuestras herramientas más poderosas para reformar el servicio público y acercarlo a las verdaderas necesidades de la gente.
Agradezco profundamente la confianza que el gobernador Julio Menchaca ha depositado en mí para llevar a cabo esta tarea. Que quede patente que nuestro trabajo seguirá enfocado, sin descanso, en cumplir la encomienda de que las y los hidalguenses vivan mejor. Nuestra lealtad a ese principio es y será permanente.
A aquellos grupos a los que nuestra labor les resulta incómoda, solo puedo decirles, con la serenidad que da la convicción y el respaldo del trabajo honesto: el trabajo habla por sí solo y los resultados pesan más que cualquier ruido. Nosotros no nos detendremos. Vamos con más fuerza que antes, porque sabemos que, al final del día, las cosas, por algo pasan.