Agua, transporte y política

Jalisco /

Las cosas no han sido sencillas para el gobierno de Jalisco y, en particular, para el gobernador Pablo Lemus. Da toda la impresión que se han tomado algunas decisiones un tanto precipitadas en asuntos críticos como el aumento del transporte y el abasto de agua potable, por citar lo mediático y relevante. La cuestión es que ambos temas han derivado en expresiones políticas que han encontrado buen reducto en los problemas generados, primero con el asunto de las tarjetas obligatorias para pagar los 11 pesos y que, dadas las presiones generadas por un genuino malestar público, obligaron a dar marcha atrás en su versión original. Sin embargo, los opositores del actual régimen tuvieron toda la oportunidad de aprovechar la ocasión para señalar lo que, en verdad, fue un desatino que preocupó mucho a distintos sectores de la población.

Este podría considerarse un asunto sobreseído ya que se dejó la tarjeta en calidad de opcional y ahora el aumento relativamente moderado se aplicará incluso mediante el pago en efectivo. Faltan detalles para afinar dicha aplicación sin causar mayores estropicios. Empero, desde el punto de vista político la visión es que el gobernador fue mal asesorado en principio y ya se ocasionó un efecto negativo verdaderamente innecesario. No sabemos a ciencia cierta quién fue el asistente gubernamental que permitió el error inicial aunque es muy probable que el gobernador tenga qué pensar en cambios en su equipo. No más fallas, sería la mejor norma.

Ahora el caso del suministro de agua tiene más inconforme a más de un centenar de colonias metropolitanas, lo que se ha venido acentuando por una multiplicidad de factores que, evidentemente, fueron descuidados gravemente. En efecto, el gobernador nuevamente tuvo que salir al frente y resolvió hace unos días efectuar un cambio en la dirección del SIAPA. De nueva cuenta, el daño de imagen ya se había causado ya que el relevo fue más obligado por las acciones que se derivaron, incluso desde el punto de vista político.

No obstante, resulta difícil pensar en que un cambio de funcionario represente una auténtica solución. La responsabilidad ya ha quedado definida, si bien en la vida real se trata de un problema generado desde muchas décadas atrás. De suyo el agua contaminada no es más que resultado de una desatención fatal en que han incurrido varias administraciones estatales ya que, como todos saben, el SIAPA es un sistema intermunicipal que fue absorbido por las autoridades estatales. Hasta ahora los resultados llevan a situaciones sobre las que se ha señalado una y otra vez. Las redes de abasto son un desastre ya que hay casos en los que prácticamente no están lejos ya de siete u ocho décadas de servicio, de los sistemas de drenaje nada relevante se ha hecho también en décadas (los últimos grandes colectores son de las épocas de Medina Ascensio y de Alvarez del Castillo), además de que -aquí está un punto crucial-, las plantas de tratamiento nunca han operado debidamente, y ahora o están en desuso o marcan una inoperancia parcial.

Sobre el abasto mismo ya pesan todos los años en los que se han desaprovechado oportunidades para concretar todo el beneficio que pudiera generar una obra como la famosa presa del Zapotillo, además de que el canal de Atequiza se ve como algo deficiente para las necesidades y hasta se teme que el proyecto Solís-León, dígase lo que se diga, implicará una merma en la llegada de líquido del que cada vez está más urgida el área metropolitana.

Todo lo anterior no representa que el gobierno presente se exima de responsabilidad en lo que está pasado. Si se retiró al titular del SIAPA no es por traer una panacea al problema de fondo. Lemus fue sorprendido ante algunos temas a los que se les ha concedido prioridad, como todo lo relativo a la celebración del Mundial. Pero esto es pasajero y más en beneficio directo para la entidad y sus habitantes. Los cuestionamientos siguen siendo usados para argumentar las precampañas de los opositores que, por lógica, buscan el motivo de ocasión para escalar en la opinión pública. Es, como todo, un estilo de hacer política aunque la situación verdadera también refleja descuido de la administración emecista en la que, ahora, debe remontarse y llegar a ejecutar acciones que sí beneficien a los jaliscienses que con toda razón lo demandan.


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