Muy al estilo de su antecesor, la la presidenta Sheinbaum aprovecha cualquier motivo en su calendario de gobierno para seguir manteniendo popularidad, sobre todo si las cosas se están complicando. Esto ya es normal, pero el asunto ahora se ve bastante grave. La presidenta realiza ya informes por aniversarios como el de su gobierno, el de la fecha en que fue electa, el oficial entre comillas del 1 de septiembre, otros extras, además por supuesto de “la mañanera del pueblo” todos los días, más lo que se ocurra en el camino. Sin embargo en realidad todo son menos informes. El régimen actual tiene sus propios demonios. La situación se ha vuelto caótica en la relación con Estados Unidos al grado de ponerse en duda de si la intención de hegemonía totalitaria empieza a abrir hendiduras. Ahora no hay dudas, La “espontánea” reaparición otra vez del patriarca supuestamente retirado, marca con claridad la insuficiencia de la mandataria para dar garantías de que todo volverá al carril propuesto. Lo que sucede y hoy alarma al grado de que AMLO salga de su aparente penumbra no es sino lo serio que se están poniendo las cosas en Palacio Nacional.
Todos sabíamos que hay una linea roja directa con el refugio del más que obstinado león de Palenque. No es simple la conjetura de esa liga y relación estrecha entre ambos pero habría tanta preocupación como para se rompiera la promesa de ocultarse. De asegurar que la vida pública quedaría atrás para permitir que quien gobierna al país se baste por sí y no por la “ayudadita” del mentor que dijo cien veces ya salir de escena para no ejercer una especie de maximato, de poder tras el trono. Pero definitivamente no se aguantó más, ahora él puede permitirse hacer a un lado el retiro ofrecido cuando le plazca aunque con ello acrecienta la sospecha de que las decisiones no se toman exclusivamente por quien fue electa. Todo lo contrario. La crisis causada por las acusaciones contra funcionarios de alto nivel identificados con ello acrecienta que el morenísimo ya rebasó los limites. Lo señalado por López Obrador en su amplia declaración apenas hecha pública y hecha según el formato en apoyo a la presidenta, no es sino el desenmascaramiento de que al menos el poder se está compartiendo.
No es para menos. El expresidente está viendo un tanto de forma desesperada cómo se diluye la validez de principios como los que él mismo ex jefe de la Nación afirmó hasta la saciedad ser diferente. Esto debe ser muy difícil para él. Ahora ya hay varios de sus incondicionales "SOS" más que sospechosos de caer en delitos graves.
Lo lógico es apuntar al norte, censurar con ánimo injerencista sobre la postura y medidas que toma el gobierno y sus protagonistas allá en el otro lado de la frontera. Y decimos que también eso es injerencia, Dice López Obrador en la parte crucial de su declaración que desea vuelva Trump a ser el de “antes”. Antes de qué nos preguntáramos. Hay que recordar que para el morador de la Casa Blanca, México es villano favorito. Forma parte de su retóricas que los mexicanos indocumentados son principalmente delincuentes y las arremetidas contra nuestro país por motivo del tráfico de droga no son de ahora sino de siempre. Sin embargo no deja de ser muy peligroso acusar a aquel país por su injerencia. El argumento de la soberanía es muy maleable. Mexico se ha visto como injerencista desde que López Obrador mandó “rescatar” al boliviano Evo Morales. Y le ha seguido bajo el morenismo en el respaldo incondicional a Maduro y al régimen Castrista de Cuba. Y seguiríamos con Perú, con Ecuador y la ruptura de relaciones, con España por la visión de un patriotismo en busca de culpables de nuestras derrotas. Y así podemos seguir ya que la soberanía y no injerencista no se nos da aquí para ponernos de ejemplo.
Total, lo que cuenta el morenísimo no es sino el numero de votos. El “informe” pasado, donde se llegó ya al populismo que da el acaparamiento del poder público, de los acarreos al estilo corporativista de antaño, y todo el viejo régimen de vuelta.