¿El principio del fin?

Ciudad de México /

Bastaron unos minutos y unas palabras de Xóchitl Gálvez para que el llamado “Día del Presidente”, quedara un tanto opacado ante los severos señalamientos de la virtual candidata del Frente Amplio a la presidencia. Algunos llegaron a considerarlo una especie de “contrainforme” reducido, pero con una eficacia que provocó un verdadero incendio pasional en la sede del Congreso que apenas se instalaba en su nuevo periodo de sesiones. No tenían los morenistas forma de impedirlo. Xóchitl es aún senadora de la república y, al parecer, seguirá en el cargo por el tiempo que le convenga, quizá hasta que legalmente deba iniciar campaña. Legisladores del partido en el poder probaron, tal vez por vez primera en su gestión, el sabor amargo de enfrentar a una contendiente que levanta la voz con seguridad de que será obligatoriamente escuchada, pese al desalojo de parte de la bancada guinda. Bajo el cobijo de diputados y senadores ahora de tres partidos frentistas, resultó ovacionada, proclamada “presidenta” y el enojo no se hizo esperar de una gris legisladora del grupo mayoritario que le quiso decir de todo, como el estribillo de “corrupta” y otras lindezas.

Había transcurrido el quinto informe de López Obrador en la lejanía de Campeche, apapachado por las huestes incondicionales de Layda Sansores, con los contenidos previstos: maravillas de país en el que, afirma, el presidente, vivimos ya aunque, sobre todo, fue otra vez enfático a acusar de todo al Poder Judicial, con serias amenazas para que se reforme la Constitución y que “el pueblo” vote en elección directa por sus ministros y magistrados (iniciativa, y lo sabe, altamente improbable) o de un recorte presupuestal drástico (viable ya que está al alcance de la mayoría morenista en la Cámara), lo que de por sí tendría una paralización total de toda la estructura de justicia en el país. Pero para el presidente eso no importa. La venganza es primero. El “informe” presidencial terminó entre los vítores de sus seguidores y el triunfalismo de recorrer un primer tramo del tren maya a baja velocidad, aunque estará en servicio supuestamente a fin de año.

Desde luego que le llovieron por todos lados descalificaciones al proceso en que se eligió a Xóchitl, principalmente por el aparente oportunismo del presidente del PRI y el descontento de los simpatizantes de Beatriz Paredes, Pero veamos una realidad comparativa: Beatriz tiene 70 años de edad, no se observa de salud integral, aunque su sapiencia, experiencia y el desempeño de importantes cargos públicos desde su juventud, siempre y lealmente junto al PRI, le ha ganado gran respetabilidad. En su caso, Xóchitl, a sus 60 años, genuina descendiente de otomíes, apenas iniciada como funcionaria en el gobierno de Vicente Fox y tiempo después delegada en la hoy alcaldía Miguel Hidalgo, dispone de una energía y pujanza pocas veces vista en política, un arrojo que no hay duda tiene muy preocupado al presidente (si no, ¿para qué tanto ataque personal?) y ya ni decir a su candidata que será una mucho menos carismática y si acartonada Claudia Sheinbaum. Si lo del Frente se señaló hasta por el mandatario como farsa, lo de la encuesta (“cuchareada” o “a contentillo”, usando las palabras del presidente y su hermano Adán, que será el triste y peor perdedor posible, para censurar a los contrarios) es solamente darle vueltas a la misma tuerca. Ambas mujeres, en los dos bandos, en cuestión de días asumirán su rol de contrincantes oficiales, aunque algunos consideran todavía con alguna reserva de oxígeno a Marcelo Ebrard o hasta temen por sus decisiones futuras.

No puede negarse que el surgimiento de Xóchitl le rompió su castillo de arena al presidente. Veía tan seguras las cosas y la continuidad de su régimen y un disfrazado caudillaje al tener su personera en Palacio, que la irrupción de Xóchitl le ha obligado a acelerar programas, repartir más dinero, precipitar obras y también cometer errores garrafales como en el aeropuerto de la Ciudad de México. La aspirante del Frente antes y ahora, le ha hecho trastabillar y visiblemente salir de sus cabales.

Y es en todo ello cuando observamos, con absoluta claridad, la visión que entraña la decisión del gobernador Enrique Alfaro de ver la alternativa de sumarse a un Frente competitivo, al igual que evidencia el desorden mental y táctico de la dirigencia central de su partido. De Dante y sus seguidores (como Samuel García), o vive un sueño imposible (ganar por sí solos), o le llaman los intereses siniestros de servir de esquiroles a favor del presidente y su partido. Pese a lo que se diga, bien por Alfaro que ve primero por la independencia en las decisiones de Jalisco, estado que no se ha doblegado hace mucho a los caprichos centrales.

Xóchitl sin duda será la mejor en la arena electoral. No hay duda, pero no olvidemos que parece será guerra de trinchera y muy sucia, palmo a palmo. AMLO tiene el poder y la fuerza del estado. ¿Será el principio de su fin?, puede ser, aunque como diría Winston Churchill al ganar la primera gran batalla a los alemanes de Rommel (Alamein), “este no es el final, no es ni siquiera el principio del final, puede ser más bien el final del principio”. Pero ganó la guerra.


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