¿Miedo a perder?

Jalisco /

La salida de Adán Augusto del liderazgo de la bancada morenista en el Senado resultó un tanto intempestiva, pero no imprevista. El “hermano” del ex presidente (que ya no presidente como todavía le dicen) López Obrador, finalmente sucumbió auto inmolándose por supuesto amor a la causa. Nada de eso. El susodicho se estaba convirtiendo en un pesado lastre para el gobierno de la Presidenta Sheinbaum y, peor todavía, en una amenaza latente para el cuatroteísmo que enarbola. Escándalo tras escándalo y, más grave todavía, la sospecha o quizá investigación formal de alguna componenda con el crimen organizado y la mafia conocida como la “barredora”, cimbraron al otrora hombre fuerte que en un momento pretendió y aspiró formalmente a la candidatura de su partido a la presidencia de la república.

¿Cuál fue el factor que detonó la debacle del senador? Ciertamente influyeron cuestiones como el enriquecimiento súbito a escala mayor como producto, afirmó, de sus negocios privados, así como el tráfico de influencias para colocar a una allegada para que llegara a la gubernatura de Chihuahua, o los manejos discrecionales de los recursos en el Senado, etcétera. Sin embargo, el tema de una posible participación en asuntos de lavado y cosas similares, al parecer detectadas incluso por autoridades norteamericanas, lo que fue más que preocupante para la presidenta. ¿Común acuerdo con el ex presidente? Será difícil saberlo, pero ni duda cabe que el daño a futuro próximo obligó a una decisión en la que quizá Andrés Manuel se sabía eventualmente involucrado.

Esta es, al menos hasta ahora, la acción de cirugía mayor más palpable en lo que va de la administración. Las cosas ya no pintan tan de color de rosa para el régimen que por lógica pretende el continuismo y hasta la hegemonía permanente. Desde luego que atisba en el futuro cercano la batalla electoral y muy posiblemente las condiciones ya no sean tan a modo. Claro que esto no significa que el morenismo pierda, así como así su mayoría que está por ahora garantizada con la captación que logrará en base a sus entregas de recursos y programas similares. Empero, conseguir de nueva cuenta la mayoría calificada quizá represente un camino más complicado. Hay que recordar que dicha mayoría (que ha permitido todos las reformas, desaparición de organismos autónomos y también la reforma Judicial, etcétera), fue producto de la suma de sus aliados que, aún así, tuvieron necesidad de allegarse al menos de un par de votos por la vía de la cooptación, como sucedió con el innombrable ex panista Yunes. Es decir, la mayoría calificada pende de un hilo.

Este es el principal temor del gobierno y de la presidenta. ¿Qué sería de la 4T y su proyecto sin dicha mayoría? Sólo lo que la ley permite, aunque los cambios radicales tendrían que realizarse, una vez más, con trampas como la sobrerrepresentación y la compra de algunos diputados, a veces hasta con amenazas o chantajes, como posiblemente fue el caso de Yunes. Y por si fuera poco, de esto se percatan bien los “aliados” del morenismo, como ya sucedió con el PT que hubo de negociar algo, no sabemos qué, con la mismísima secretaria de Gobernación, quien una vez más da prueba de la parcialidad con la que actúa para su partido. El tema es sabido. Simplemente los cambios previstos ya en la reforma electoral que pretende Sheinbaum, como la reducción de recursos a los partidos y también la disminución de curules plurinominales (que es la que alimenta la presencia tanto del PT como del PVEM, que tanto sabe de brincos), pueden originar una ruptura que a estas alturas se ve sumamente riesgosa.

Además, el temor de perder posiciones en la siguiente legislatura tiene mucho que ver con el desgaste natural del sexenio, y también por los errores cometidos, que no son pocos. El descarrilamiento del Interoceánico, del que se culpa al maquinista, pero sin responsabilidad para quien ejecutó la obra, ni sus asesores, ni ingenieros militares ni nada. Sólo el maquinista fue culpable. La exculpación es una habilidad nata del obradorismo y también del claudismo. De inseguridad mejor ni hablamos, de manejo económico, mmm, y el colmo en materia de salud que sigue siendo un desastre y la educación, y párenle de contar.

Ante todo esto, lo de Adán Augusto es un sobrepeso en el que ya no es posible seguir propiciando un impacto generalizado. Y esto sin considerar lo que algunos gobernadores morenistas han fallado en sus entidades (como Rocha, Bedolla, Layda, etcétera) y de otros personajes guindas en distintas esferas. No debe por ello perderse de vista que en el fondo todo esto debe tener más que preocupada a la presidenta. ¿O es simplemente temor a perder?


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