De seguro Claudia Sheinbaum no lo imaginaba. No contemplaba que, en el esquema sin duda sugerido por su maestro en retiro, la reforma electoral se complicaría no por la nulificada oposición sino por sus propios aliados. ¿Pues en qué estaban pensando los dos? ¿en que sus partidos satélites iban a renunciar, así como así a todos sus privilegios y, aun más allá, en que a la hora de hacer cuentas terminaran en la extinción? Con todo y que a estas alturas y en el juego de intereses y traiciones nada está escrito, es de esperar que se dé el primer gran fracaso legislativo de la llamada 4T.
Lo más grave, claro, es que sus “aliados” que por ahora dicen que no habrá ruptura ni con el régimen ni con la presidenta, en realidad confluyen en una ruta que tiende hacia la fractura del movimiento. Lo menos será que Sheinbaum pierda la confianza a ciegas en que dejen ser pilares de su gobierno, aparte de su partido, otros dos que ya dejaron ver sus intenciones de ver primero por su subsistencia. Las fórmulas planteadas están hechas en la iniciativa presidencial que ya podría haber muerto, de manera que el único ganador seguro sería el morenismo, no tanto sus hasta hace poco fieles lacayos de su gobierno, ya no digamos la oposición a la que se despojaría hasta de la existencia.
Sin embargo, hay que apreciar cómo se han dado las cosas entre los partidos al menos hasta hoy disidentes, el PT y el PVEM. Del primero hay que abonar que sí ha seguido con una ideología aparentemente congruente. El PT no ha dejado su línea socialista y llegó a ser un férreo opositor tanto de los gobiernos priístas como de los panistas. Sus afinidades por ello fueron lógicas al aliarse con el perredismo y en su momento con el mismísimo López Obrador a quien acompañó en momentos complicados como en la disputa legal al considerar que había sufrido fraude en la elección que empoderó a Felipe Calderón. Lo sorprendente es que el PT ha tenido varios pasajes producto de sus bajos electores, al punto de estar muy cerca de la desaparición. Vamos, dada su coincidencia con el poder tricolor en el gobierno de Peña Nieto, por ejemplo, hubo de salvarse gracias al apoyo, entre otros, de partidos como Movimiento Ciudadano.
Sujetarse a un nuevo ordenamiento electoral significa un riesgo que el PT no puedo correr. Con su baja captación de sufragios no llegaría por sí solo sino a hacer un papel minúsculo y hasta dejaría de ser un peso específico para intentar coaliciones o una alianza atractiva para el propio sistema del actual partido en el papel. Esto, pese a que el PT percibe cantidades muy respetables entre subsidios y otras prebendas, algunas de las cuales entrañan asuntos de corruptelas de sus propios líderes.
Con respecto al PVEM, su política siempre ha sido la del camaleón. Así fue desde que su fundador Jorge González Torres lo diseño y convirtió como un organismo a su total servicio y beneficio, cosa que ha seguido en grado mayúsculo su empoderado delfín, el “niño verde” Jorge Emilio González Martínez. Su historia, sin embargo, es la de un partido nada similar a los de los ecologistas europeos. Estos supuestos preservadores del medio ambiente sólo ven para su santo. No necesitamos dar cuenta de su trayectoria por la política mexicana. Es tan volátil que, cosa curiosa, supieron convivir con el priísmo y con el panismo sin mayor recato. Ahora, todos lo sabemos, está vinculado a Morena y a su gobierno. El cambio de camisetas y de cachuchas no es problema para sus verdaderos propósitos que no son otros que los que convengan al negocio familiar en que lo han convertido sus patrones.
No hay, pues, signo alguno de auténtica lealtad ni del PT ni del PVEM. Tampoco se puede extrañar que la iniciativa que está ciertamente llena de claro-oscuros, ahora no haya recibido el respaldo de sus dos aliados que permiten lograr una mayoría calificada. De no haber sucedido algo verdaderamente extraordinario, la iniciativa quedará en leyes secundarias que no requieren de mayoría absoluta. Se ve y se percibe que la 4T sufrirá su primera gran fractura y, pese a lo que dice y se desdice la presidenta, esto parece el principio de una fractura impensada y con efectos imprevisibles.