Caos y vacío

Ciudad de México /

El poder busca siempre perpetuarse, de tal suerte, la democracia es una práctica que le resulta contra natura, al igual que cualquier alternativa que le parezca, así sea mínimamente amenazante para su proyecto de permanencia.

En consecuencia, en el poder no hay margen para el vacío, toda ocasión es oportunidad para alcanzar la eternidad; hay en cambio, cálculos excesivos que, a fuerza de frenar la acción, terminan por ser errores.

La lenta reacción de De la Madrid tras el terremoto de 1985 en la capital generó un vacío que abrió las puertas a uno de los pilares de la transición democrática de nuestro país: la participación ciudadana.

La inacción del Estado lo llevó a ser desbordado por la población que se dio cuenta de la capacidad que tenía de autoorganizarse y brindar solución a sus problemáticas sin el concurso del Gobierno.

Con ello dio inicio el lento final del régimen de partido hegemónico encarnado por el tricolor. No sería raro que, precisamente, estas fragilidades del sistema ya presentes para ese momento en el ambiente, fueran la causa de la parsimonia con la que se manejó el caos: había que planear concienzudamente la operación para que no tuviera repercusiones político electorales. Y, a la larga, como una profecía autocumplida, eso fue justamente lo que provocó.

Un ánimo semejante al parecer reinaba en Palacio Nacional al momento en el que se dieron a conocer las consecuencias del paso del huracán Otis por Acapulco. La tensión preelectoral muy probablemente obligó a extremar los cuidados antes de salir al recuento de los daños y, en ese paréntesis, el poder y su ansia de perpetuación engendró su propio rezago.

Hoy el Presidente salió a dar a conocer un costoso plan para hacer frente a la tragedia, pero ni todos los millones anunciados para poner de nuevo en pie a Acapulco sustituyen el vacío de las primeras horas en las que el Ejecutivo no estuvo allí para hacer frente al asunto.

Sin embargo, los demás liderazgos políticos locales y nacionales también brillaron por su ausencia en los momentos cimeros de la tragedia; una nueva ventana se abrió para la toma de conciencia ciudadana. No estamos solos, nos tenemos a nosotros.


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