Ciegos y sordos

Ciudad de México /

Ni los veo, ni los oigo”, decía Carlos Salinas de Gortari refiriéndose a sus opositores. Y sin embargo, como el dinosaurio de Monterroso, éstos seguían ahí. Tanto así, que un día se hicieron con el poder.

A partir de la reforma electoral de 2014, la paridad se convirtió en un principio constitucional. Pero una idea tan sencilla como “mitad y mitad” se ha vuelto fruto de incontables resistencias políticas, muy difícil de llevar a la práctica. Objeto de creativas argucias para sacarle la vuelta, la paridad sigue viéndose como un despojo de las mujeres hacia los hombres. Como si el poder les perteneciera a ellos y, a veces y a contentillo, tuvieran a bien prestárnoslo un rato.

Entre las más recientes acometidas que ha vivido esta disposición legal se ubican las muchas críticas por la decisión de Morena de poner en manos de Clara Brugada y no de Omar García Harfuch la candidatura al Gobierno de la Ciudad de México, ello atendiendo la decisión de los tribunales en el sentido de que de las nueve gubernaturas en juego del próximo año, al menos cinco candidaturas de cada partido tendrían que ser para contendientes de género femenino.

Olvidan los críticos que el partido tiene absoluta libertad de decidir en qué entidades postula qué género. Brugada no le quitó nada a García Harfuch; su partido decidió quién de entre los dos contendería. Pero, olvidan, sobre todo los detractores de la paridad, que sin medidas como ésta, las mujeres nunca podríamos llegar.

Para muestra basta el botón de lo acontecido estos días en nuestro estado. En medio de la polémica respecto de si el gobernador podría dejar a quien decidiera como encargado de Despacho o si era el Congreso quien tendría que decidir un interinato se barajaron distintos nombres de uno y otro lado; ninguno de los postulados era mujer. Y ciertamente no faltan las que reúnan cualidades suficientes para arribar a un cargo que, por cierto, jamás ha sido detentado por nuestro género en Nuevo León.

En absoluta libertad, ni los partidos, ni sus líderes (casi siempre hombres) ven ni oyen a las mujeres. Pero, ciertamente llegará la hora que, como Salinas con las oposiciones, tengan que vernos y oírnos, porque llegaremos al poder.


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