Castillo tenía que ser

Monterrey /

La reforma electoral que se encuentra en proceso de confección en nuestro país ha contado con un protagonismo importante de la titular del Ejecutivo, quien, no obstante que ha cuidado las formas poniendo ese trabajo en manos de una comisión conformada con el objetivo de escuchar voces diversas en toda la geografía nacional, estará enviando al Legislativo lo que considera la propuesta ideal de cambios. Por su parte, el Legislativo tendrá su propio proceso de deliberación, en el que será interesante ver qué tanto quienes integran la mayoría y comparten partido con la Presidenta se alinean con la iniciativa del Ejecutivo, están en su derecho de hacerlo o no. Sin embargo, una vez concluido el proceso legislativo con la publicación de las nuevas leyes en el Diario Oficial, será momento para ambos Poderes de replegarse.

Este repliegue solo es posible cuando quien toma el relevo goza de plena autonomía. En este caso, las etapas administrativa electoral (la organización logística del proceso), así como la jurisdiccional (dirimir las controversias que pudieran afectar el resultado) recaen en ese orden en el INE y en los tribunales electorales. Si ambas instancias no pueden sustraerse a una Presidenta que busca continuar incidiendo o a un Legislativo que pretende saltar las vallas a su participación, inútil habrá sido la elaboración de cualquier regla.

Evidentemente es enorme la tentación de quien detenta el poder de que la etapa de poner las reglas del juego no termine jamás e ir acomodándolas a su conveniencia, conforme las diversas situaciones que surgen en las campañas o en la jornada electoral se presenten. Pero eso que en el corto plazo es apetitoso, tarde o temprano, cuando los equilibrios de poder cambian, termina por ser pernicioso. Bien lo sabían los actores que impulsaron las reformas que hicieron posible la democratización del país, entre ellos, Heberto Castillo. Por eso es perfectamente racional de parte de su hija, la legisladora Laura Itzel Castillo, defender la autonomía del INE, aunque ello la vuelva impopular entre otros liderazgos de Morena. Eso implica que es valiente, pero sobre todo que tiene un gran sentido histórico.


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