Gritos que callan 'cuetes'

Monterrey /
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Se habla mucho del pueblo cuetero para denostar el gusto popular por la algarabía de los fuegos artificiales; pero poco o nada se dice de los gobiernos cueteros, esos que, apalancados en el fragor de la pirotecnia, buscan ahogar los otros gritos, los que no se dan desde el balcón con arengas históricas, sino los que claman igualdad, seguridad y justicia para las mujeres.

A un par de días del asesinato de la estudiante española Claudia Tacoronte, quien estaba de intercambio en la Universidad Autónoma de Morelos, la ceremonia y la verbena del Grito prosiguieron en el estado y en el municipio donde aconteció el feminicidio, Cuautla.

Interrogado acerca de si las festividades se llevarían a cabo, el alcalde de esa ciudad afirmó que así sería y señaló que ocurriría a las ocho de la noche para que todo mundo pudiera volver temprano a su casa, agregó que habría un importante dispositivo de seguridad e interrogado acerca de si habría fuegos artificiales, contestó que ya estaban previstos y que el área de protección civil los había aprobado y que, finalmente, la gente apreciaba mucho ese tipo de espectáculos. Cada frase buscando echar un puñado de tierra al asunto y que la vida siga.

Pero, ¿cuánta tierra se necesita para que nadie note que Claudia es la cuarta joven estudiante de la Universidad de Morelos que es asesinada en dicho estado? Porque, antes de la chica procedente de la Universidad de Granada, fueron también violentamente tomadas las vidas en febrero de Kimberly, en marzo de Carol y en mayo de este mismo año de Michelle. Todas las víctimas mujeres, todas estudiantes de la Institución, todas de 21 años o menos.

Pero las autoridades, con una ceguera inaceptable, señalan que no hay vínculo entre los crímenes, no se dan cuenta de que el vínculo es justamente un estado incapaz de brindarles las condiciones mínimas de seguridad y justicia que requieren para realizar su vida en libertad.

Por eso, el que creyeron pueblo cuetero les pasó factura, y en medio del Grito de la gobernadora, Margarita González, el estruendo que se escuchó fue el de los abucheos. ¡Ni una más!


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