La Magnífica Humanidad, cerca de dejar de serlo

Monterrey /

Creo que no hay distopía que verdaderamente narre un terror futuro. Nuestros miedos están bien anclados en una realidad con la que sin saber coexistimos. La debacle es aquí y ahora, aun si lo ignoramos.

Por eso cobra una enorme relevancia la primera encíclica del papa León XIV publicada esta semana: Magnífica Humanidad. En esa distopía que nos alcanzó sin saberlo, creemos que lo que combatimos es la falta de entendimiento entre la Humanidad, cuando en realidad es la brecha entre la Humanidad toda por un lado y los avances tecnológicos (de manera muy señalada la IA) por otro.

Hay, es verdad, en un primer esbozo, dos campos entre las personas: por un lado, aquellos que impulsan la tecnología por el lucro que de ella obtienen y, por otro, el de las víctimas de ese avance: quienes trabajan para las empresas en condiciones de cuasi esclavitud, los excluidos por el analfabetismo y la brecha tecnológica, los despojados de su identidad a través de la lógica extractivista de los algoritmos. Sin embargo, el primer grupo, el de los impulsores y presuntos dueños del avance tecnológico, resulta ser un segmento que ha decidido vivir en la ceguera del impacto que sus productos puedan tener. Negándose a aceptar que el final será, de todas formas, la Humanidad –incluidos ellos mismos– contra las máquinas.

De allí la relevancia de otro de los elementos que señala el santo padre y que es el carácter privado de estos individuos. Jugamos a algo muy parecido a las escondidillas; cuando eran estados quienes detentaban el poder eran demasiado grandes para ocultarse, tarde o temprano tenían que ceñirse a las limitaciones que les imponía el Derecho Internacional, sus pares o la propia sociedad civil globalizada. Hoy se trata de agentes minúsculos, escurridizos.

Pero el Papa se equivoca cuando citando a su predecesor dice: “Nunca la Humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma”. La realidad es todo lo contrario: el género humano está a punto de perder todo control sobre su devenir. Importante que lo diga el Papa, urgente que actuemos todos.


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