Dos mitos debilitan la integración de más mujeres a las actividades científicas. El primero de ellos es el considerar que dedicarse a las ciencias es sinónimo de dedicarse a las ciencias naturales o a las disciplinas vinculadas con las ingenierías. Aunque suene redundante, es imprescindible recordar que las Ciencias Sociales también son ciencias. Porque lo que define a una ciencia no se ubica en su objeto de estudio, sino en el método utilizado para estudiarlo. Y sí, en las Ciencias Sociales también trabajamos con el método científico y generamos resultados que derivan del desarrollo de hipótesis y su verificación de carácter experimental. Claro, cabe la posibilidad, en todo aquello que concierne al análisis de las relaciones sociales, que no tengamos certezas absolutas; sin embargo, los descubrimientos de punta en el ámbito, por ejemplo, de la Física o la Química, han permitido identificar sesgos y hasta errores en teorías que hasta hace poco se consideraban concluyentes.
Así, lo primero que tenemos que considerar es que, el que una mujer se dedique a trabajar como científica social, no implica que no sea una científica. Pero también, y muy relevante para el tema que nos ocupa, hay una perspectiva específica de las Ciencias Sociales que aborda justamente el sesgo de la participación de las mujeres en los distintos ámbitos de la vida: la perspectiva de género, dedicada a analizar justamente estas desigualdades basadas, no en el sexo de la persona, sino en la construcción social que se ha hecho en torno a lo que debe ser y se puede esperar de la vida de alguien en función de su sexo.
El segundo mito considera que una mujer que ha logrado convertirse en científica ha superado ya la discriminación por género. La estadística indica otra cosa. Por ello, al abjurar del carácter científico del análisis de lo social, no solo eliminamos de un borrón a las mujeres que dedican su vida profesional a este trabajo, sino que restamos seriedad a los avances que buscan explicar y resolver las desigualdades que vivimos las mujeres en la ciencia y en cualquier otro ambiente, condenándonos a repetir la historia.