No se puede tolerar la intolerancia

Monterrey /
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El filósofo Karl Popper habló de lo que denominó la Paradoja de la Tolerancia. De manera simple, lo que sostenía es que si con base en el valor de la tolerancia se permite el desarrollo de la intolerancia, ésta terminará por socavarla. Y vaya que hemos tenido oportunidad de ver ejemplos de cómo eso ocurre en el ámbito electoral, los regímenes que llegan al poder por la vía democrática para luego dinamitarla abundan en la historia.

Esta semana asistimos a uno de esos sucesos en los que se justifica limitar la tolerancia. En San Antonio, Texas, se llevó a cabo un encuentro sobre liderazgo femenino organizado por grupos conservadores. Allí, una de las expositoras propuso –y tuvo un eco considerable– que las mujeres renunciaran a su derecho al sufragio, quedando las decisiones de carácter electoral a cargo de sus maridos.

Allí está el límite a sus libertades, señoras. No podemos tolerar su intolerancia. Si ustedes no quieren ir a votar, no asistan. Si quieren confiar en que su marido hará una elección correcta de gobernantes, confíen. Pero no invoquen como propuesta el hacer nugatorios de manera general nuestros derechos humanos.

El sufragio, el derecho a votar y ser votada no es por casualidad una de las luchas históricas del feminismo. Se trata de un derecho habilitador de otros derechos. Reviste la posibilidad de ser correctamente representadas para impulsar una agenda en favor de las mujeres como colectivo. No hay forma de que la esclavitud se elija invocando para ello la libertad a escoger.

El peligro de que esto avance es real, puesto que ha sabido envolverse en un halo de inocencia abanderado por el movimiento de las tradwives, esposas tradicionales que defienden su gusto por dedicarse al hogar. Pero bien sabemos que terminará por explotar en el rostro de aquellas que, en medio de la pobreza, se dedican a los cuidados, asumen también funciones de proveeduría y en muchos casos están solas al cuidado de los hijos.

¿Quién barre los vidrios del techo de cristal que rompemos? Muy probablemente las empleadas de esas esposas tradicionales que pudieron ir a San Antonio a ejercer sus libertades políticas de una forma tan amplia que hasta pueden pedir que se les cancelen.


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