Durante la migración de las clases a la opción virtual durante la pandemia, fueron públicos varios casos –entre muchos que se quedaron sólo en conocimiento de sus testigos– de profesores que hacían comentarios y presuntas bromas de corte altamente misógino y violento. Al respecto se me quedó grabada una reflexión que me hacía mi hijo universitario: Imagínate a qué punto están convencidos de que lo que dicen es correcto, que aun sabiendo que están siendo grabados, no se inhiben.
Me acordé de esto a raíz de la detención el día de ayer del productor televisivo Luis de Llano. Lo arrestaron por incumplimiento de una sentencia emitida por la SCJN en junio de 2025 y que responde a la denuncia que en 2022 hiciera la cantante Sasha Sokol.
Sasha inició en el mundo del espectáculo con menos de 14 años al formar parte de la banda Timbiriche, de la que era productor el entonces ya cuarentón De Llano. Ello no impidió que este individuo la sedujera y entablara con ella un “noviazgo” que más bien era una relación de abuso por tratarse de una menor de edad, por tener respecto de ella un rango de autoridad laboral y por la flagrante diferencia de edades. Lo que pasaba era bien conocido por la gente del mundo del espectáculo, sin que nadie levantara las alertas.
Como a muchas víctimas de este tipo de situaciones, a Sasha le tomó años poderse dar cuenta de la manera en la que este hombre la lastimó; seguramente también le requirió una enorme valentía hacerlo público y combatirlo por la vía legal.
A lo que está obligado De Llano es bastante sencillo: grabar un video con una disculpa pública en desagravio de Sasha. Lleva todo el año sin cumplir. Se le han aplicado diversas medidas de apremio, entre otras cosas, multas y ahora su detención. La disculpa aún no llega: es sintomático de estos depredadores que, como los misóginos que son, están convencidos de su superioridad y niegan la perversidad de sus actos, por lo que con arrogancia se niegan a las disculpas.
Es imprescindible que las instituciones hagan valer su autoridad, Sasha merece justicia y su abusador debe quedar expuesto como tal, incluso, ante él mismo.