Seguir marchando

Monterrey /

Seguimos marchando, pero ¿seguimos en marcha? Este 8 de marzo, en las principales ciudades del país, contingentes de mujeres tomaron las calles y en columna avanzaron para exigir sus derechos. Hubo, al igual que otros años, pintas y daños materiales. Pero también disposición a asumirlos por parte de todo el contingente: “Fuimos todas, fuimos todas…”, se escuchaba de forma atronadora. Hubo, también como siempre, gente que observaba un poco atónita lo que ocurría, pero había ahora también hileras de trabajadoras de los comercios instalados en las calles por las que se desfilaba. Ellas, con gestos, mostraban la solidaridad con las marchantes. Pañuelos y globos morados se extendían como símbolo de empatía.

Se avanzaba lentamente, con múltiples altos en el camino, con unas nubes que se mantuvieron amenazantes, pero que nos rociaron apenas con algunas gotas; nada que impidiera continuar con la demostración. Me preguntaba, como lo hice al inicio de esta colaboración, si ese andar simbolizaba también un avance. Ciertamente se ha logrado mayor visibilidad para nuestra causa. Sin duda, la paridad ha permitido que muchas más mujeres accedan a los cargos de elección popular, pero ¿es eso la igualdad? El destino me regaló la respuesta. Habíamos llegado al cruce de Pino Suárez y Ocampo, cuatro hombres jóvenes, de entre 20 y 25 años, decidieron atravesar la avenida sin esperar a que se desahogara el contingente. Se fueron abriendo paso entre las participantes. No en una brecha, no entre grupos. Cuerpo a cuerpo entreverándose con quienes desfilaban. Nadie los interrumpió, nadie les impidió avanzar, nadie les hizo señalamientos, eran cuatro hombres cruzando Pino Suárez una tarde cualquiera de un domingo cualquiera.

¿Qué sería de un número igual de jóvenes mujeres que decidieran caminar así entre una manifestación de miles de hombres? Sinceramente, no creo que salieran indemnes. Rechiflas, piropos, manoseos y hasta agresiones estarían a la orden del día, como lo están cada día en cada desplazamiento. De ese tamaño sigue siendo nuestra desigualdad. Y de ese tamaño también la necesidad de seguir marchando.


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